Writing about you: Capítulo siete.

Toda acción tiene una consecuencia, a veces las consecuencias son lindas. Como cuando le regalas flores a tu esposa, y ves su bella reacción de felicidad y sorpresa. Eso es simplemente hermoso, un recuerdo que quedara grabado en tu mente, que recordaras cuando estés triste porque el mundo parece demasiado grande  y vos muy pequeño.

Pero hay acciones que traen consecuencias catastróficas, y esas eran el tipo de acciones que  inconscientemente Franco  solía crear. Cuando era niño se le ocurrió incendiar unas ramas en el patio trasero de la casa de abuelo, y cuando este se dio cuenta apago el fuego, lo llevo a rastras hasta la casa y le dio 12 nalgadas que lo dejaron llorando a gritos.

Pero esas nalgadas no cambiaron su actitud, aun en su adultez seguía cometiendo los mismos errores. No, no había incendiado ningún jardín, pero el lunes cuando Valeria le llamo despertándolo, no era para pedirle una cita, si no para insultarlo.

—¡¿Por qué le dijiste a todos que me acosté contigo?!¡Sabes que eso es una puta mentira! ¡Puedo perder mi trabajo idiota! ¡¿En serio eres tan egoísta y mentiroso?! ¡Por eso no quiero salir contigo! Imbécil—Lo último lo dijo en un murmuro, pero él pudo escucharlo antes de que ella terminara la llamada.

Franco tapo su cara con sus manos, cuando se había puesto a regodearse de algo que no sucedió con sus amigos en el bar, se había olvidado de un pequeño detalle. Valeria trabajaba para su tío.

El nombre completo del muchacho es Franco Freux, su abuelo había creado un periódico que con el pasar de los años se había vuelto uno de los diarios más importantes a nivel nacional. Su tío lo había heredado luego de que el padre de Franco muriera en un accidente de auto, y en un futuro él lo heredaría, pero eso no saldría bien ya que Franco no tenía ni el más mínimo interés en el periodismo, el único diario que leía era Clarín, y eso era por las historietas de Gaturro.

Él amaba a ese gato amarillo.

**

Valeria Pérez estaba orgullosa del trabajo que había conseguido, había salido de la universidad sin ninguna idea de a dónde ir o a quien recurrir. Luego de semanas buscando trabajo en pequeños periódicos y revistas online, escucho de su madre que habían abierto una vacante como secretaria en el periódico Freux.

¿Secretaria? Valeria apenas sabía cómo preparar un café en ese entonces. Pero necesitaba ganar su propio dinero, para dejar de vivir de sus padres, y para tener su propia habitación. Su hermano no paraba de dejar sus calzoncillos sucios en una esquina de la habitación. (1)

Pero cuando fue a la entrevista y le mostro sus escritos, solo por curiosidad de saber qué pensaría, todo lo inesperado sucedió. El hombre pidió que volviera con todos sus escritos,  y en una semana después tenía su propia columna en el periódico y un stress que le hizo salir canas en los lugares más extraños.

Pero actualmente todo estaba desvaneciéndose frente a ella.

Todo parecía indicar que era un día normal, se levantó, se vistió, peino, y maquillo lo más vagamente que pudo. Entro al periódico, y se sentó en su pequeño cubículo, pero cuando lo hizo escucho a sus compañeras hablando a sus espaldas.

—¿Escuchaste que Valeria se acostó con el sobrino del señor Freux?

—¡Sí! ¿Puedes creerlo? Eso explica como esa perra  consiguió su propia columna en el periódico.

—¡Eso no es cierto! ¡Soy virgen!—Gritó Valeria, levantándose del cubículo.

Todos se giraron a verla con una sonrisa y luego empezaron a reírse a carcajadas, y Valeria salió corriendo hacia el baño de la oficina. Cuando se encerró en un cubículo del baño, empezó a llorar desconsoladamente hasta que miro la puerta del cubículo y ahí encontró su respuesta.

Toda la culpa era de Franco, marco su número y lo insulto hasta Canadá. Pero cuando termino la llamada noto un par de piernas enfrente de su cubículo, iba a preguntar quién era pero entonces escucho:

—Valeria, soy el señor Freux, quiero hablar contigo.

“Mierda , mierda” Pensó la chica entre lágrimas.

Temerosamente la chica se levantó del asiento del inodoro y abrió la puerta del baño, encontrándose con el director Freux que tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Y la miraba con severidad.

—Creo que ya escuchaste los rumores que hay en el periódico.

—Puedo explicarlo—Dijo ella pero él la detuvo.

—Franco me llamo y me dijo todo, sé que es una mentira.

Valeria al fin pudo respirar. No iba a perder su trabajo.

—Pero quiero dejarte claro que no puedes tener ningún tipo de relación con mi sobrino, por el bien de ambos. Sé que él es difícil de alejar, cuando ve algo que le llama la atención se obsesiona, pero sigue evitándolo lo más que puedas. Porque si le das lugar, este será el principio de muchos rumores. No te preocupes, yo parare todo este circo lo más que pueda. Tú lávate la cara y sal con la cabeza en alto, ¿Si?

Valeria asintió, y recibió una palmaba en el hombro de su jefe quien luego salió del baño.

Sola, la chica volvió a encerrarse en el baño, y saco su celular. Abrió un bloc de notas y empezó a escribir.

Peter Oro  le envió un mensaje a Valeria, preguntándole como estaba.

A penas guardo el bloc de notas, un ping! Sonó de su celular, indicando que tenía un nuevo mensaje.

Peter Oro:

¿Cómo estas, cariño?

Valeria le envió un mensaje explicándolo todo lo que había sucedido. Inmediatamente recibió la respuesta que esperaba.

Peter Oro:

Espérame ahí en el baño, te pasare a buscar.

La castaña bloqueo su celular y  rodeo sus piernas con sus brazos, escondiendo su rostro. Los minutos pasaron, con ella sollozando de vez en cuando o maldiciendo a Franco.

Hasta que escucho la puerta del baño abrirse y unos pasos dubitativos acercarse al cubículo donde ella estaba. Y la persona toco un par de veces la puerta para luego decir:—Vale, soy yo , Peter.

La chica se levantó y salió del cubículo. En cuanto el rubio la vio la abrazo y beso su cabello, y murmuro palabras dulces para tranquilizarla. Y partir de entonces la chica se sintió más tranquila, pudo respirar más suavemente, quizás era la colonia del hombre, o la forma en como la sostenía, pero se sentía segura.

—Te llevare a casa, ¿Si?—Dijo él cuándo se separaron, la chica asintió pero enredo su mano con la de él.

Juntos caminaron hacia la salida de la oficina con las cabezas en alto, y  se subieron al auto del chico. En cuanto se sentó en el asiento  del auto, la chica cerró sus ojos y se durmió.

Peter la miro con ternura y se sacó su campera para posarla encima del cuerpo de la chica, para que no se enfriara, y encendió el motor del auto para manejar hasta el departamento de la chica.

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Mi Twitter es : @Florsaezescribe  .

Notas:

  • (1) Imagino que la habitación está dividida por una pared , pero siguen conectadas, ¿Se entiende?
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