Nota final de la autora.

 

Oficialmente termine con esta pequeña novela, le di los dos finales posibles. Depende de ustedes decidir cuál seguirán. Pero hay algo que quiero aclarar, que lo hice al principio, pero por el final B quizás tengan dudas de nuevo.

Bajo ninguna circunstancia, creo y promuevo este tipo de relación. Creo que Luna Camaro es inmadura, y Juan Pablo se alimenta de eso, no hay duda alguna. Alejándola de su familia y amigos, para escapar a un lugar donde nadie los conozca y juzgue. Esa es la realidad.

Son felices, pero lo que Luna sacrifico en su adultez le pesara.

Quizás si se hubieran conocido en otra etapa de la vida de Luna todo sería distinto, pero no es el caso.

Espero que hayan disfrutado la novela.

Florencia Saez.

Mi twitter es :  @florsaezescribe  .

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Dear Daddy. Capítulo final: Versión B.

Dear Daddy.

Capítulo final: Versión B.

Happy with my daddy.

Morena lo guió hasta la sala de la casa y Juan Pablo se sentó en el sillón observando de reojo como ella cerraba las puertas de la sala para que Luna no los escuchara.

Finalmente ella se sentó delante del hombre.

—Dime de que quieres hablar— Pidió la mujer.

—Yo amo a su hija— Empezó el castaño.

—Oh, vamos, no me vengas con esa mierda. Cuando camino por la calle veo como los hombres como tú ven a Luna. Como si fuera un pedazo de carne, eso es lo que usted quiere. Llevarla a la cama, que  ya hizo, aprovechándose de lo romántica e inocente que ella es. Sé que esto para usted pasará, pero ella quedará marcada para siempre.

Juan Pablo ignoro lo que ella dijo cerrando sus ojos por un momento y siguió hablando.

— La amo en cuerpo y alma, al principio era atracción física, pero me enamore de como es, de su inocencia, de su picardía, de sus pucheros. De sus sueños, ella no quiere quedarse aquí, señora Camaro, prisionera de su amor. Ella quiere volar, y yo quiero volar con ella.

— Señor Adesto—Dijo Morena, mirando al hombre con seriedad—Leí el diario de mi hija, se todo lo que hay que saber sobre la relación entre ambos. Se perfectamente que usted en su mente enferma llega al orgasmo pensando que es una niñita indefensa de la cual usted es el padre. Ella busca en usted un padre, pero ya lo tuvo y no fue un buen hombre, está muerto. Y usted también morirá si no se sale de mi camino. Pero ese no es el punto. El punto es que, usted está enfermo ¿No considero eso? ¿Que pasara cuando ella crezca? Buscaras en otras mujeres lo que ella tiene ahora, juventud e inocencia. No la amas, amas su juventud.

—¿Quién es usted para decidir lo que su hija y yo sentimos? Ella sabe lo hace al enamorarse de mí, y yo sé que la amo honesta y decentemente. Luna ya es mayor de edad, es su decisión si quiere irse conmigo.

—¿Qué estas insinuando?—Preguntó Morena, nerviosa, mirándolo con los ojos bien abiertos.

Juan Pablo no respondió , simplemente salió de la sala y subió las escaleras de a dos escalones a la vez, hasta llegar a la habitación de su pequeña, quien como si pudiera sentir su presencia abrió la puerta y salto a sus brazos. El hombre la levanto y la llevo adentro de la habitación, con un brazo estirado cerró la puerta con seguro, y cuando estuvieron solos la beso con fuerza.

Cuando se separaron, él la bajo y puso sus manos en su rostro para que ella no tuviera otra opción más que mirarlo a los ojos.

—Escúchame, pequeña, ¿Quieres irte conmigo?

Luna sonrió antes de responder :—Sí, quiero— Ella elimino la distancia entre ambos de nuevo, besándolo castamente, para luego correr a su armario y sacar su maleta de uno de los estantes de arriba.

En silencio, ignorando los gritos de Morena desde afuera de la habitación, el  hombre la ayudo a juntar su mejor ropa y meterlas en la pequeña maleta. Que requirió que juan pablo se sentara sobre la misma  para que al fin se cerrara. Pero cuando llego el momento de salir de la habitación, y los gritos de Morena continuaban, Luna miro asustada a su pareja. Él estrecho su mano con fuerza, como si así pudiera darle algo de fortaleza.

El castaño tomo la maleta con una mano, le indico  a la pequeña que se pusiera detrás de él, ella se aferró a su saco, y Juan Pablo abrió la puerta. Morena estaba roja de furia pero al ver la maleta empalideció.

—Luna, por favor no me hagas esto—Pidió la mujer adulta entre lágrimas.

Juan pablo paso delante de ella con rapidez, Luna seguía agarrada de su saco, y evitaba mirar a su madre. Aunque parecía afectada por su ruego que seguía repitiéndose como un cassette roto. Cuando llegaron a la puerta Morena se plantó  al final de las escaleras y grito :—¡Si te vas no tendrás un hogar al que volver!

—Algún día me entenderás, mamá—Dijo Luna, girándose por primera vez al verla , unas lágrimas gruesas caían por sus mejillas. Pero fue ella la que abrió la puerta, el hombre se había quedado helado ante la amenaza de la madre. Y fue Luna la que tiro de la mano de Juan Pablo para que salieran de la casa.

Una vez fuera ambos corrieron hacia el auto descapotable del castaño, el guardo la maleta en la cajuela, y ayudo a su pequeña a que se sentara en el asiento de copiloto, asegurándose de abrochar el cinturón.

Una vez que se sentó frente al volante, miro con una sonrisa a Luna, quien había limpiado sus lágrimas, él se inclinó para besarla, y ella respondió el beso con la misma intensidad. Era un beso extraño, esta vez no se estaban despidiendo, prometiéndose verse pronto. Este era un beso dulce con sabor a promesa, de un futuro que era incierto pero era hermoso ya que estarían juntos.

Cuando se separaron él acaricio su cabello corriéndolo de su rostro, y beso su frente, para volver a su lugar y encender el auto.

Un año después.

No fue fácil, decir que lo fue sería una gran mentira. Luna Camaro había tenido que aprender a ser independiente, en una ciudad nueva donde nadie la conocía, donde solo Juan Pablo pudo conseguir trabajo fácilmente.

Luna Camaro consiguió trabajo al año como secretaria para un dentista,  le ayudaba a pagar sus gastos sin tener que pedirle a Juan Pablo dinero. Eso era lo importante. Y en el proceso había hecho un par de amistades, que venían a visitarla a su casa los fines de semana.

Con el pasar de los tiempos habían creado una rutina en la casa.

Preparaban el desayuno juntos, él la dejaba en el dentista y se iba a trabajar, ella tomaba el colectivo para volver a casa. Preparaba la comida, la mesa, y se vestía esperando el regreso de Juan pablo.  Cuando él llegaba lo recibía con un beso.

Cuando terminaban de comer juntos, lavaba los platos y seguía limpiando la casa mientras él estaba en su oficina. Cuando su novio salía de la oficina siempre la buscaba alrededor de la casa, la mayoría de las veces encontrándola en el jardín arreglando sus flores. Él la levantaba del suelo, llevándola en sus brazos hasta la habitación para hacer el amor.

Era la vida perfecta, la vida que ella había elegido.

En el fondo de su mente a veces podía escuchar a su madre diciéndole que podría haber estudiado una carrera, que podría haber sido alguien importante.

“Pero ella no entiende.” Pensaba ella mientras el castaño besaba su cuello. “No hay otra vida que hubiera querido vivir” Ella tomo el rostro del hombre y besos sus labios.

—Daddy—Murmuró ella contra su oreja, logrando que él la tomara con fuerza.

Cuando terminaron, Juan pablo preparo un baño de espuma en el que ambos se metieron,  él estaba lavando el cabello rubio, extremadamente largo de la muchacha mientras ella jugaba con las burbujas.

—¿Eres feliz?—Preguntó el hombre , abrazándola.

—Sí, ¿Y tú?—Respondió ella en el acto.

—Sí—Dijo él con una sonrisa, para besarla y luego continuar lavando el pelo de la chica.

Un calor se expandió por el pecho de la chica.

Sí, había tomado la decisión correcta.

Si disfrutaste este final por favor comenta y vota.

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Dear Daddy. Capítulo final: Versión A.

Notas: Este es uno de los dos finales posibles de esta historia, ustedes pueden elegir el que más les guste. La versión B seria publicada la próxima semana.

 

Dear Daddy.

Capítulo final: Versión A.

—Te amo, princesa, pero no me gusta verte así. Tranquilízate — Pidió Juan Pablo. Acariciando la espalda de su pequeña.

—¡Es que no sé qué hacer!— Respondió Luna, sintiendo como su corazón se partía un poco más al admitirlo. Miró de reojo a Juan Pablo.

—Ya te dije, hablaremos con tu mamá, y si eso no funciona, te llevaré lejos, a donde nadie nos encuentre.— Prometió él sonriéndole con picardía.

Ella terminó la distancia entre ambos, robándole un beso que él le entregó sin dudarlo. Era un beso dulce, suave como una nube. Calmo las almas inquietas de ambos que no sabían en qué tierra estaban.

Pero en medio del beso alguien tocó la ventanilla haciendo que se separaran. Juan Pablo se giró para ver quién era, para encontrarse con un policía. Que los miraba a través de los anteojos de sol.

—Disculpe señor, pero recibí una llamada de la señora Camaro, no sabía dónde estaba su hija— dijo el policía corriendo sus anteojos de sol para ver a Luna quien tapaba su cara avergonzada.

—Luna Camaro está aquí por su voluntad, ya es mayor de edad— Dijo el hombre tomando la mano de la rubia y besándola mirando al policía a los ojos.

—Entiendo señor, pero esta ciudad es pequeña, las reglas no son las mismas— Dijo el policía para abrir la puerta del auto, mostrando que había sacado el arma de la funda para luego seguir hablando —Conozco a la madre de Luna desde que éramos niños, y cuido a cada persona de esta ciudad.

—Señor Freto, me bajaré del auto, solo guarde el arma— Dijo Luna para luego bajarse del auto, pero en el momento en que las manos de ambos amantes se separaron una lágrima se escapó de la mejilla de la joven.

El policía, que ahora Juan Pablo sabía cómo se llamaba, tomó del brazo a la chica de diecinueve años y la subió torpemente a la patrulla.

Juan Pablo Adesto solo pudo ver como la mujer de su vida se iba frente a sus ojos. Pero luego de unos minutos de pensar y pensar. De golpear el volante del auto y de considerar si podía tomar medidas legales. Simplemente manejo hasta la casa de la pequeña familia Camaro.

**

Morena Camaro estaba preparando un pastel, sabía que su amistad con el señor Freto le serviría  en algún momento en su vida y claramente no se había equivocado. Ya que vio con una sonrisa como su hija entraba como una tormenta a la casa seguida del policía quien al ver como la chica subía las escaleras y se encerraba en su habitación, simplemente hizo un gesto con su sombrero y volvió a su patrulla.

Morena Camaro sabía que su hija superaría su obsesión eventualmente, pero también sabía que podría acelerar el proceso con dulzura por eso estaba cocinando. Pero ella paro sus movimientos cuando escucho el sonido de alguien tocando la puerta. Lavo sus manos y corrió hacia la puerta pensando que era el policía. Pero al abrirla se encontró con el rostro lleno de furia de Juan Pablo Adesto.

—¿Que mierda haces aquí?— Preguntó la madre de Luna.

—No vine a ver a Luna, quiero hablar con usted— dijo el hombre muy calmadamente. A pesar de que su rostro decía lo contrario.

Morena Camaro lo miró de arriba a  abajo considerando la situación pero finalmente se movió para dejarlo pasar.

Morena lo guió hasta la sala de la casa y Juan Pablo se sentó en el sillón observando de reojo como ella cerraba las puertas de la sala para que Luna no los escuchara.

Finalmente ella se sentó delante del hombre.

—Dime de que quieres hablar— Pidió la mujer.

—Yo amo a su hija— Empezó el castaño.

—Oh, vamos, no me vengas con esa mierda. Cuando camino por la calle veo como los hombres como tú ven a Luna. Como si fuera un pedazo de carne, eso es lo que usted quiere. Llevarla a la cama, que  ya hizo, aprovechándose de lo romántica e inocente que ella es. Sé que esto para usted pasará, pero ella quedará marcada para siempre.

Juan Pablo ignoro lo que ella dijo cerrando sus ojos por un momento y siguió hablando.

— La amo en cuerpo y alma, al principio era atracción física, pero me enamore de como es, de su inocencia, de su picardía, de sus pucheros. De sus sueños, ella no quiere quedarse aquí, señora Camaro, prisionera de su amor. Ella quiere volar, y yo quiero volar con ella.

— Señor Adesto—Dijo Morena, mirando al hombre con seriedad—Leí el diario de mi hija, se todo lo que hay que saber sobre la relación entre ambos. Se perfectamente que usted en su mente enferma llega al orgasmo pensando que es una niñita indefensa de la cual usted es el padre. Ella busca en usted un padre, pero ya lo tuvo y no fue un buen hombre, está muerto. Y usted también morirá si no se sale de mi camino. Pero ese no es el punto. El punto es que, usted está enfermo ¿No considero eso? ¿Que pasara cuando ella crezca? Buscaras en otras mujeres lo que ella tiene ahora, juventud e inocencia. No la amas, amas su juventud.

Juan Pablo se quedó en silencio. Se levantó del sillón y salió como un rayo de la casa, cuando estuvo en la calle sintió como su estómago se enrollaba y vomito en el cordón de la calle.

***

El doctor Denir había estudiado en una universidad importante norteamericana. Juan Pablo suponía que el doctor sabría decirle si había algo malo en él. Sí que su atracción hacia Luna era puramente por el hecho de que representaba una figura paterna, que por eso ella le llamaba Daddy.

Hasta que tuvo la cita con el doctor, el castaño ignoro todos los mensajes de la chica, busco una mujer distinta que calentara su cama cada noche. Mordiendo su labio, tragando el nombre de Luna cada vez que su piel rozaba la de la otra persona.

Trato todos los fetiches  “normales” que encontró en Internet, ninguno tocaba su calor interno como el que compartía con Luna. Pero no se atrevió a decírselo en voz alta.

Pero todos esos días previos al ver al psicólogo no lo prepararon para la pregunta que este le hizo al final de la sesión.

—¿Tú crees que tu relación con Luna está mal?

Juan Pablo se atragantó con sus propias palabras. Pensó en todo lo que la señora Camaro le dijo, en todas las veces que él se regocijo en la forma en la que Luna  le miraba. En todos los momentos en los que  estaba a solas y ansiaba escuchar la voz de ella diciendo su nombre.

Y luego pensó en cómo explicaría su relación con Luna a sus amigos, a su familia, a sus compañeros de trabajo. Y la vergüenza lleno su alma.

—Sí— Respondió él finalmente.

**

Luna recibió una carta una semana después, una maldita carta, luego de semanas llenas de lágrimas, de su madre abrazándola desconsoladamente. De murmurar el nombre de Juan Pablo entre pesadillas en donde no lo encontraba, despertares donde vivía esa pesadilla en carne y hueso.

Su madre le paso la carta por debajo de la puerta ya que Luna no se había levantado de la cama en todo el día. La joven corrió hasta la misma tomando el sobre y lo abrió desesperada. Adentro había un papel escrito con la letra que ella reconocía era de su amor.

Solo había una oración escrita.

 

Olvídate de mí, porque yo ya te borre de mi mente.

 

Luna cayó al suelo en medio de un grito, su madre abrió la puerta de golpe y la abrazo. Eso fue lo único que ella vio antes de perder el conocimiento.

Una semana después estaba sentada frente a su psicóloga, y esta vez la mujer empezó la sesión con una simple pregunta.

—¿Quieres hablar de tu padre?

—Sí —Fue la respuesta de Luna, y así vino a su mente , como un huracán, todo lo que vivió con su padre. Lloro y lloro, hasta que sus ojos se hincharon. Pero solo cuando saco las emociones de su pecho, y miro a su psicóloga entendido.

Porque Juan pablo la dejo.

Y porque ella tenía que dejarlo.

Ambos se habían enfermado de un amor que estaba relacionado con el pasado de Luna, un pasado oscuro que ella tenía que superar. Sola. Para encontrar un amor relacionado con un futuro feliz.

Si disfrutaste este final por favor comenta y vota.

Notas: No se asusten si el final no les gusto, la versión B llegara pronto.

Dear daddy :Capítulo cuatro.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

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Dear daddy.

Capítulo cuatro.

Where is my daddy?

La policía llego más rápido de lo que Juan Pablo había esperado. Lo separaron del otro muchacho y lo sacaron del club bajo amenazas, lo sentaron en un asiento de la patrulla y tomaron registro de su versión de los hechos. Pero en todo momento él tenía sus ojos clavados en su pequeña, Luna estaba al lado de su madre que había venido en su camioneta a buscarla, ambas estaban siendo entrevistadas por un policía pero solo la madre de Luna hablaba, Luna también miraba a Juan pablo.

Incapaz de contenerse, Juan Pablo se levanto y camino hacia la madre e hija, pero cuando estuvo cerca Luna corrió a sus brazos, atrapándolo en un abrazo de oso, ella beso su mejilla y murmuro contra su oído :— Mi Daddy, él siempre cuida de mí.

El pecho del hombre se llenó de orgullo, y toda la culpa que sentía respecto a lo que había sucedido se esfumo.  Todo quedo reemplazado por la sensación de posesión que sentía sobre Luna, él había protegido lo que era suyo por derecho, no había cometido ningún error.

Pero entonces Morena Camaro tiro de su hija separándolos, y se plantó enfrente de ella, mirando a Juan Pablo directo a los ojos.

—No sé de qué cloaca saliste vos, pero te diré una sola cosa, te volves a cruzar con mi hija y te mato ¿Entendiste?

—Señora, creo que usted no se dio cuenta que su hija es mayor de edad, acabo de hablar con la policía, y nuestra relación es legal.

—¿Y eso a mí que me importa? Yo se la clase de alacrán que sos, quieres aprovecharte lo más que puedas de ella, una muchachita sensible y frágil, y luego cuando no te sirva la vas a tirar del puente más cercano. Por eso tengo que protegerla de vos, si sabes lo que te conviene te iras de esta escena antes de llames más la atención de la policía, porque creo que ya hiciste suficiente espectáculo.

Entonces Juan Pablo sintió la mirada de los policías, quienes tenían una de sus manos posadas sobre los sus esposas listos para atacar. Se dio cuenta de que Morena tenía razón, la policía estaba buscando una excusa para detenerlo. Y él no iba  a dárselas.

El hombre miro a la pequeña rubia a los ojos y murmuro: —Te amo— Para el horror de la madre, y se dio media vuelta para caminar hacia su auto, no sin antes mirar con odio al muchacho que estaba sentado en la ambulancia y que horas antes había acosado a su pequeña.

Encendió el motor, y arranco. Mientras manejaba por la ciudad reviso su plan, la señora Camaro lo había dejado sin otra opción. Porque ya sabía el siguiente movimiento de la madre, aislaría a su hija de él. Y Juan Pablo no podía vivir sin su pequeña.  Pero no se la llevaría lejos de su madre, sabía que Luna no podría ser feliz así, trataría de buscar una solución que hiciera a todos felices.

**

Al ver que la bestia se había ido, Morena Camaro llevo del brazo a su hija hasta la camioneta, la subió en el asiento trasero, y ella de un salto se subió al asiento de conductor. Mientras manejaba miraba a su hija por el espejo retrovisor, y le hablaba con una voz dura y decidida.

—No sé de donde salió esa bestia, pero no vas a volver a verlo, ¿Me escuchaste?

Luna no respondía.

—Me importa una mierda que pongas cara de borreguito, ese hombre no es para vos. Porque es un hombre, vos tienes que salir con chicos de tu edad. Ese hombre te quiere para sentirse él más joven, nada más, sos una Barbie para que él muestre a sus amigos, nada más. No le importas, te das cuenta de eso ¿No?

Luna no respondió.

—Lo peor de todo es que me vine a enterar por tu diario…

—¡¿Qué?!—Chilló Luna, mirando a su madre con lágrimas en sus ojos. Entonces Morena paso a explicarle todo.

Un par de horas antes…

Morena Camaro caminaba histérica por los pasillos de su casa, había recibido el llamado de la policía unos minutos antes, pero ella todavía no superaba que la habían levantado  a las cinco de la mañana, cuando  ella tenía que trabajar temprano.

Paso enfrente de la habitación de su hija, y pensó en llevarle una campera, así que entro y tomo la primera campera que encontró colgada en su armario, pero entonces vio un cuaderno tirado al pie de la cama de la jovencita, aun más enojada por el desastre andante que era  su hija levanto el cuaderno. Pero cuando lo hizo una foto se escapó del mismo.

En la foto estaba su hija, en ropa interior, abrazada a un hombre mayor, 34 años quizá. Él besaba la mejilla de su hija pero sus ojos estaban clavados en la cámara. En shock, la mujer se sentó en la cama y leyó las últimas páginas del cuaderno.

       Él me hace tan feliz, me entiende como nadie, me cuida como si fuera su tesoro más preciado. Me mira como si fuera la mujer más hermosa de esta tierra, y yo soy su mujer. Sé que este no es un amor pasajero, si lo fuera él me habría dejado luego de la primera vez que hicimos el amor. Pero no fue así, porque hicimos el amor, no fue sexo.

No quiero imaginar una vida sin él, y sé que él no pude vivir sin mí, ¿No es eso hermoso?

Y lo mejor de todo es que es mi Daddy, el cuida de mí, soy su pequeña…

Morena Camaro dejo de leer, dejando caer el cuaderno como si estuviera hecho de veneno, y salió corriendo de la habitación con la foto polaroid  estrujada en su mano y la tiro por la ventana de su camioneta mientras manejaba hacia el club.

Tiempo actual…

Luna tapaba su cara llorosa con sus manos, su madre la miraba a través del espejo retrovisor esperando una respuesta de su hija.

—Mamá, ¿Cómo pudiste?

—Porque quise y porque soy tu madre.

—Eso no te da derecho a invadir mi privacidad.

Furiosa Morena Camaro estaciono la camioneta frente a su casa, y se giró en el asiento para mirar a su hija directo a los ojos.

—Esto no se trata de tu privacidad, se trata de que te enamoraste  de un hombre de casi 40 años. Al cual no volverás  ver, ¿Me escuchaste?

Luna no respondió.

—¡¿Me escuchaste?!—Gritó Morena, Luna salto en su asiento y miro a su madre a los ojos llorando.

—S-sí—Murmuró la pequeña al final.

Cuando entraron a la casa, la mujer registro su  computadora y su celular. Dejándola llorando en su habitación, para preparar la cena, fingiendo que nada malo sucedió.  Cuando  diez minutos pasaron y la rubia dejo de llorar, cerró la puerta de su  habitación. Se agacho frente a su cama, y saco una caja debajo de la misma. Solía contener un vestido coctel que  Juan Pablo le había regalado, pero ahora estaba llena  con todos los regalos que él le había dado. Uno de esos regalos era un celular. Cuando lo prendió el único contacto en ese celular era el número de Juan Pablo bajo el nombre Daddy.

Ella sonrió y le envió un mensaje.

Luna:

Daddy, mi mama me saco el celular 😥

Juan Pablo:

Está bien, cariño, buscare una solución para todo.

Luna:

No sé si esto tiene solución.

Juan Pablo:

La última solución que encuentro es que nos vayamos de la ciudad, podría pedir que me reubiquen en la empresa.

Luna:

No quiero dejar a mi madre  o a Rosalía.

Juan Pablo:

Por eso es la última solución, primero intentare hablar con tu madre.

Luna:

Pero debes darle tiempo.

Juan Pablo:

Lo sé , cariño, tú descansa, mañana será otro día.

**

El problema es que  el tiempo pasó demasiado rápido, y antes de que ambos se dieran cuenta, una semana paso sin que se vieran.  No paso rápido porque no se extrañaran, si no porque se prometían cada día que al día siguiente se verían, pero cuando Luna estaba por salir o escaparse por la ventana su madre  estaba ahí preparada para meterla de nuevo a la casa.

Y todo llegó al punto de que Luna estaba sentada frente a una psicóloga, quien no paraba de tratar de sonar amable y comprensiva, Luna trato de abrirse de explicarle que su relación con su novio era lo mejor que le había pasado. Pero en la conclusión de la sesión le decía que la relación entre Juan Pablo y ella estaba mal, era una relación toxica.

Al final de la sesión  ella salió llorando y se encerró en el baño del consultorio. Saco el celular que Juan pablo le entrego y mando un mensaje.

Luna:

No puedo más con esto, todos piensan que nuestra relación está mal y no sé qué hacer.

Juan Pablo:

¿Dónde estás? Iré a buscarte.

Luna le envió la dirección y se miró al espejo mordiendo su labio inferior. Solo esperaba que Juan Pablo llegara antes que su madre.

Si disfrutaste el capítulo por favor comenta y vota.

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Dear daddy : Capítulo tres.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

AVISO: En este capítulo empieza el daddy kink.

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Dear daddy.

Capítulo tres.

“My daddy is my life.”

La primera vez que lo vio, Luna no podía creerlo. Allí apoyado contra su auto deportivo, anteojos de sol tapando sus ojos, cuerpo vestido de traje. Era una visión en medio de un desierto.

La chica bajo casi corriendo los escalones de la entrada de la facultad para saltar a sus brazos y besarlo con una pasión desmedida. Él respondió el abrazo apoyando sus enormes manos en la cola de la chica sosteniéndola con fuerza.

Cuando el beso termino ella se despegó un poco y limpio el lápiz de labios de la boca de él con una sonrisa. Él respondió la sonrisa y dijo :—Yo también estoy feliz de verte.

—Imposible, no sabes cuánto  te extrañaba—Dijo ella con un puchero.

—Cariño, quería verte antes pero estaba trabajando.

Ante la mención del trabajo ella desenredo sus piernas de la cintura del chico, separándose de él y  cruzo sus brazos contra su pecho . Ella lo miro a través de sus pestañas canela para decirle su verdad.

—¿Prefieres trabajar que estar conmigo?

—Prefiero estar contigo más que dormir, pequeña—Dijo él, deslizando sus anteojos de sol contra su cabello, permitiéndole a ella verle a los ojos. Ella vio que no mentía.

—Umm, no sé si creerte—Dijo ella apoyando sus dedos en su mentón en signo de que estaba considerándolo.

—¿Un beso te convencería?

—Sí—Murmuró ella. Él rio antes de atraerla de la cintura e eliminar la distancia entre ambos de nuevo. Fue un beso más casto comparado al anterior, era como conocerse de nuevo, descubrir la textura de los labios de otro. Él entro en la boca de ella con más delicadeza,  saboreo cada escondite de su boca. Cuando se separaron él guardo el sonrojo de las mejillas de ella en su corazón, prometiéndose nunca olvidar que Luna era una muñeca delicada que él tenía que proteger del mundo.

—¿Qué te parece si vamos a mi departamento?—Dijo él, ella asintió al instante y permitió que él la acompañara hasta el asiento de copiloto del auto convertible, que le abriera la puerta y la ayudara a sentarse. El chico cerró la puerta y corrió hacia su asiento saltando la puerta del auto. Se puso sus anteojos de sol de nuevo, y encendió el motor del auto.

Se había vuelto una rutina, el hombre saldría de trabajar, la buscaría de la facultad y la dejaría en su casa varias horas después, sana y salva pero con la sensación de que sus piernas estaban hechas de gelatina, ¿Porque?

Siempre pasaba lo mismo, hablaban todo el camino al departamento de Juan Pablo, Luna haciéndole reír con sus historias exageradas y él contándole  lo duro que era el trabajo, pero cuando subían al ascensor del edificio  ambos se miraban a los ojos con intensidad. Como definiendo quien iba a dominar al otro en todas esas horas que venían. Juan pablo siempre ganaba.

Besándola, atrapándola contra la pared de metal del ascensor, y cuando llegaban al piso él la levantaba en sus brazos y corriendo la encerraba en las sabanas de su cama. Pronto los cuerpos desnudos de ambos se enredaban en una eterna danza llena de amor pero también de  rosas con espinas.

Cada vez que mantenían relaciones descubrían cosas nuevas del otro, ella descubrió que le gustaba sentir el cuerpo de él tapando completamente de ella, el castaño descubrió que le gustaba sentir las uñas de ella clavándose en la espalda de él. Ambos descubrieron que había una palabra que parecía calentar todo a cien grados :Daddy.

No se trataba sobre que Juan Pablo fuera el padre de ella, ya lo habían hablado, no se trataba del incesto. Se trataba de que ella pudiera entregarse a él por completo, sabiendo que él la cuidaría sin que nada pudiera lastimarla.

Era hermoso para ambos entregarse así el uno al otro, y cuando dejaron claro que no se trataba de que ella buscara físicamente a un padre en él, se dejaron llevar por este nuevo fetiche que los desinhibía por completo.

Pero nada le dijo a Luna que su relación con Juan pablo traería consecuencias en sus amistades. Y es que dos meses pasaron donde Juan Pablo se volvió una rutina en su vida, y Rosalía quedo atrás en el fondo. Pero Luna no se dio cuenta de que esto había pasado hasta que ella se lo dijo.

—¿Mañana estarás toda la tarde con Juan pablo?—Preguntó Rosalía, cuando ambas estaban en la casa de ella  una noche de viernes.

—Sí—Respondió Luna con una sonrisa juguetona.

—No sé ni para que pregunto—Rosalía se levantó de su escritorio y se encerró de un portazo en el baño.

—Rosa, ¿Dime que pasa?—Exigió su amiga que había corrido hasta la puerta.

—Juan pablo es tu vida ahora, así que no hay lugar para mí—Respondió la morena desde adentro del baño.

—Deja de decir tonteras y sal de ahí.

Rosalía abrió la puerta del baño lentamente para luego salir ella de allí con los brazos cruzados. Su rostro estaba sombrío.

—Solo nos vimos en el colegio este mes, y hoy que prácticamente te rogué que vinieras.

—Perdóname, es que mi relación con Juan es muy nueva, y quiero verlo lo más que pueda—Admitió ella avergonzada.

—¿Por qué no hablamos después?—Dijo Rosalía para volver a encerrarse en el baño.

Luna rogo por media hora que ella saliera del baño, pero no tuvo otra opción más que irse.

**

—Creo que deberías hablar con ella—Opinó Juan Pablo el día siguiente, cuando estaban juntos en el departamento de él.

—Como si fuera tan fácil—Respondió Luna, rezongando contra el pecho de Juan pablo.

—Literalmente solo tienes que mandarle un mensaje.

Ella mordió su labio inferior pero se sentó en la cama y tomo su celular de la mesa de luz, y así empezó una serie de mensajes entre Rosalía y ella.

Luna:

Hola, ¿Cómo estás?

Rosalía:

Bien.

Luna:

¿Podemos hablar sobre lo que paso?

Rosalía:

Como quieras.

Luna:

Lamentó si no te preste suficiente atención en este tiempo, no me di cuenta, nunca fue mi intención lastimarte. Si me das una oportunidad de cambiar sé que puedo cambiar mis actitudes, y pasar más tiempo contigo. Porque amo cuando salimos juntas.

Rosalía:

En realidad no tienes que disculparte, es que sentí celos, tú estas empezando una nueva etapa y sentí que me había quedado atrás, ningún chico me presta atención y no tenía con quien hablar al respecto.

Luna:

¡Rosa, alguien aparecerá para ti! Eres una persona maravillosa, solo necesitas tiempo. Tengo que disculparme, tenías razón, yo no te estaba prestando atención, así que cuando quieras salimos 😊

Rosalía:

Hoy abrirá un club nuevo, podríamos ir ahí 😃

Luna:

¡Claro que sí, pásame la dirección y nos vemos ahí!

**

Juan Pablo estaba tratando de mantener la calma, no quería ser el típico novio celoso que no quería que su novia saliera a bailar, que se vistiera de cierta manera, porque no quería que otros hombres la desearan. Él nunca fue así, y no quería volverse esa persona.

Pero por algún motivo estaba en el club que ella le había nombrado antes , incluso había pagado la entrada, y comprado una bebida alcohólica que tenía un nombre extraño pero él estaba seguro que contenida demasiado vodka.

Trato de buscar paciencia en sí mismo, quedándose en la barra diciéndose a sí mismo que solo estaba revisando que nada malo pasara en el club que pudiera afectar a luna.

10 minutos.

20 minutos.

30 minutos.

Y entonces vio una pareja bailando enfrente de él, bueno en realidad a unos metros de él, pero lo que estaban haciendo realmente lo estaba afectando y no de una manera divertida.

La pareja en cuestión estaban bailando apretados uno contra el otro, y entonces se besaron apasionadamente, y el chico poso sus manos en el trasero de la chica acercándose más si eso era posible.

—Ok, tengo que encontrarla—Murmuró él tirando  en el proceso su bebida logrando que el barman se quejara, pero lo ignoro y se metió en medio de la multitud de personas que en su mayoría tenían  16 – 17 años.

No habían pasado ni cinco minutos en medio de la multitud cuando escucho la voz de su chica, y la de otra persona.

—Te dije que no.

—¿Cómo que no, cariño?

Entonces escucho un chillido y se giró para encontrar a Luna empujando a un chico de su edad lejos de ella, haciendo que la multitud alrededor de ellos se quejara. Juan Pablo no espero un segundo, con su mano hecha un puño lanzo un gancho contra el rostro del chico, tirando al suelo.

No paro de golpearlo hasta que Luna tiro de sus hombros separándolo del muchacho.

—¡Basta!—Gritó Luna.

Si disfrutaste el capítulo por favor comenta y vota.

Dear Daddy : Capítulo dos.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

Dear Daddy.

Capítulo dos.

“Being one.”

—Sabes que eres preciosa, ¿No?

—Eres mi bella princesa, mi gema preciosa, que debo cuidar con mi alma.

        La voz acariciaba su oreja, mientras unos dedos se enredaban y desenredaban en su pelo. Luna no sabía quién era, pero estaba segura de que estaba en el lugar correcto, siendo protegida por esta persona que nunca la lastimaría o dejaría que la lastimaran ¿Qué más podría pedir en esta vida?

       Sonrió para si misma y se giró en la cama, abriendo los ojos para encontrarse con el feliz rostro de Juan Pablo Adesto, su cabello castaño revuelto y sus ojos azules brillaban con ternura. Ella estiro su mano  para rozar la mejilla de él, quien cerró sus ojos y se apoyó contra su mano aumentando el contacto.

—Mi ángel guardián—Murmuró ella, acercándose más hasta que las narices de ambos se tocaron.

—¿No me merezco un beso?—Preguntó él, sonriendo como el gato risón.

Ella rio como una niña para luego cerrar el espacio entre ambos.

Luna Camaro abrió los ojos, para sentir los cabellos de la tela felpuda de su peluche favorito pegados a sus labios. Rápidamente se sentó en la cama y pasó su mano por su boca, tirando los cabellos al suelo y su peluche en el proceso.

Se levantó de la cama, casi cayéndose al suelo porque sus pies estaban enredados con las sabanas, pateándolas se deshizo de ellas y camino hasta su escritorio. Sintiendo como el algodón de su camisola rozaba su piel pálida, se sentó frente a su escritorio y tomo su celular desconectándolo del cargador.

Tenía siete mensajes de Rosalía. Abrió el chat.

Rosalía:

¡Hola! BFF 😊

Rosalía:

¿Estas despierta?

Rosalía:

¡Despierta!

Rosalía:

¡Luna! ☹

Rosalía:

Estoy desayunando esperando que despiertes.

Rosalía:

¡Vamos, despierta!

Rosalía:

¡Despierta!

Luna:

Ya desperté! No hacían falta tantos mensajes.

Rosalía:

¡Es que me levante con la sensación de que sería un gran día! 😁

Luna:

¿Qué haremos de emocionante hoy?

Rosalía:

No sé, ¿Qué propones?

Entonces, el sueño de esta mañana vino a su mente, y una sonrisa cruzo su rostro junto a un sonrojo. Sabía que quería hacer hoy.

Luna:

Rosa, tengo una pregunta.

Rosalía:

Okay…Dispara  😲

Luna:

¿A dónde van a tomar café los que trabajan en la empresa de tu padre?

Rosalía:

Oh, van a Jojo’s café.

***

Todo en este mundo tiene una explicación, Juan Pablo Adesto sabio porque sentía atracción hacia esa chica. Cuando pensaba en una respuesta su mente lo llevaba a su padre y a la voz de su madre gritándole porque su padre se había ido de casa.

—¡Se fue con esa niña! ¡A penas tiene Veintiséis años!

De alguna forma retorcida su cerebro quería explorar los motivos por los que su padre había dejado a su madre. Sabía que estaba enfermo, pero no podía importarle en lo más mínimo. No cuando había encontrado a un ángel.

Juan Pablo quería creer que no se estaba obsesionando, pero podía escuchar la voz de su psicólogo diciéndole exactamente eso. Estaba obsesionado.

Había empezado a verla en su departamento, caminando por los pasillos con sus vestidos rosas, su cabello rubio bailando en su espalda, sus ojos azules mirándolo con picardía.

Incluso podía imaginar lo que le diría.

Cuando estaba en su Macbook trabajando, podía imaginarla sentándose en el escritorio, suspirando aburrida y diciendo:—¿En serio tienes que trabajar?

           Podía imaginarse a sí mismo  levantándose de su silla y rodeando el escritorio para callarla con un beso, y luego levantarla de la cintura, ella inmediatamente rodearía el cuerpo de él con sus piernas.

        Pero todo era una fantasía, y pronto él pestañeaba para encontrarse solo en su oficina. Era una tortura, saber que había encontrado a la chica perfecta, y que no podría tenerla por más que quisiera.

¿Cuántos años tenía ella?

Dieciséis, ¿Quizás diecisiete?

Estaba seguro que era ilegal siquiera sugerir que esa relación podría suceder. Así que se obligó a seguir trabajando, a perderse en números y estadísticas, en lugares donde ella no podría encontrarle.

Pero no esperaba encontrarle en Jojo’s café, nunca había visto chicos jóvenes en este café, solo personas de  treinta para arriba. Disimulo un poco cuando la vio entrar con su amiga, siguió escribiendo en su computadora, obligando que sus ojos se mantuvieran pegados en la pantalla.

Pero cuando ella camino hasta el mostrador, él no pudo evitar girarse para mirarla. Con otro vestido, en este caso celeste, un vestido pin up, que marcaba su cuerpo en todas las formas correctas. Cuando ella termino de hablar con la empleada él volvió a girarse tosiendo.

Las chicas se sentaron en una mesa a unos cuantos metros delante de él. Pero él no podía evitar levantar su mirada de la pantalla para verla. Luego de unos minutos la amiga de la chica se levantó y fue al baño.

Casi hipnotizado por la presencia de la chica él se levantó de su asiento  y se sentó frente a ella, ella le sonrió al velo, mostrando unos dientes perlados y unos labios pintadas de rosa chicle.

—Hola, soy Juan Pablo Adesto—Dijo él , extendió su mano, ella miro su mano , luego sus ojos y finalmente estrecho la mano del chico.

En el momento en que sus manos se tocaron, él sintió electricidad recorrer su cuerpo, quería mantener ese contacto eternamente, pero luego de unos segundos ella alejo su mano.

—Luna Camaro—Se presentó ella.

“Luna Camaro.”

“Luna Camaro”

El nombre de la chica reboto dentro de la cabeza de él, y sonrió para sí mismo por el nombre tan angelical de la chica.

Lo que siguió después fue una larga conversación llena de introducciones a la vida del otro, solo interrumpida cuando la moza les dejo las bebidas de ambos, y cuando él trajo su computadora a la mesa de ella. Juan Pablo se relajó cuando ella le dijo que tenía diecinueve años. Salir con ella seria legal, pero eso no cambiaba la diferencia de edad de dieciséis años. Su brújula moral le decía que estaba mal, pero su mente le decía que  seguir hablando con ella no tenía nada malo.

Juan noto por el rabillo del ojo que la amiga de Luna al verlos se sentó unas mesas atrás de ella con una sonrisa de oreja a oreja. Curioso clavo sus ojos en los de Luna antes de hablar.

—¿Planeaste este encuentro?

—Puede ser—Respondió ella sonrojada.

—Está bien, yo tenía muchas ganas de verte—Respondió él mostrándole una encantadora sonrisa. Para luego tomar un sorbo de su café, lo cual fue una mala idea porque lo que dijo ella después le hizo escupir su café.

—¿Solo eso tenías ganas?—Ella lo miraba debajo de sus largas pestañas  color caramelo.

Él escupió su café,  y ella rio limpiando las manchitas de café con una servilleta. Pero no dejo de verlo  con una sonrisa seductora.

—¿Y cuál es tu respuesta?—Insistió ella acercándose a él, y extendiendo sus manos sobre la mesa para tocar las de él.

—Cariño, creo que no entiendes con quién estás hablando, tengo treinta y cinco años.

—¿A ti te importa?—Preguntó ella sonriendo más ampliamente, como si ya supiera la respuesta.

—No, pero…

—A mí tampoco—Dijo ella para luego reír y acomodarse de nuevo en su asiento haciendo que su vestido saltara.

—Entonces es un trato—Dijo él para luego apoyarse con su asiento, jugando con su corbata. En el proceso.

—¿Luna? Creo que deberíamos irnos—Dijo Rosalía que se había acercado a la mesa.

Ella miro a  su amiga con tristeza, y luego a Juan Pablo, buscando que alguien tomara una decision por ella.

—Yo te llevare a casa, ¿Qué te parece?—Ofreció él con una sonrisa.

Rosalía no parecía muy convencida pero inmediatamente Luna asintió.

Luego de unos minutos, Luna se había subido a su auto y puesto el cinturón de seguridad  mientras él encendía el auto. A penas salieron del estacionamiento de Jojo’s café, ella otra vez lo sorprendió con sus palabras.

—No me llevaras a casa ¿Verdad?

—No—Respondió el simplemente,  y ella respondió  apoyando su mano sobre la de él que estaba en la palanca de cambio. Fue un contacto corto pero fue suficiente para él, para tranquilizarse sobre si esto estaba bien o no.

Lo que paso luego fue como un sueño, demasiado perfecto para ser real, pero demasiado vivido para que él no creyera que sucedió. Piernas largas y blancas contrastando con sus sabanas rojas de seda. Manos pequeñas y delicadas que se paseaban por su espalda dejando una línea de calor que nunca había sentido en su vida cuando se encontraba con sus amantes. Puertas cerradas con llave, que se abrían solo para que él entrara. Risas que terminaban en besos, besos que terminaban en suspiros. Ojos azules que lo miraban con adoración y picardía, que luego se volvían hacia atrás y se cerraban dejándolo sin luz en su corazón.

Era caminar por el cielo sabiendo que el infierno estaba un paso atrás tuyo. Pero eso ya no importaba para él, ella estaba en sus brazos durmiendo pacíficamente, y Juan Pablo  la abrazaba con fuerza, besaba su frente y se perdía en el olor a rosas que desprendía su cabello.

Había puesto una marca en el cuerpo de porcelana de la chica, ahora no tenía pensado dejarla ir. Aunque le costara su propia vida.

Si disfrutaste el capítulo por favor comenta y vota.

Dear Daddy.

 

Notas de la autora (Sin spoilers) :

Esta novela está inspirada por la novela “Lolita” De Vladimir Nabokov, y por algunas conversaciones oscuras con mi amiga.

La relación entre Luna y Juan Pablo no es sana. Hay una diferencia de edad de 16 años, pero ese no es el único problema, es la frutilla del postre. Ambos están enfermos mentalmente, ¿A qué me refiero? Ella no proceso bien muchos sucesos traumáticos de su niñez, y Juan Pablo aunque recuerda todo lo traumático de su niñez es manipulador y busca controlar todo en su vida al extremo. La relación entre ambos es bastante sexual, no será explicito, pero está ahí en el fondo.

Si este tipo de relaciones toca una tecla sensible  de tu corazón o dispara recuerdos malos de tu vida, te imploro lo siguiente: NO LEAS ESTA NOVELA.

No quiero comentarios diciéndome que estoy enferma, que estoy influenciando a jovencitas a conseguirse sugar daddies , o que me voy a ir al infierno

Portada: 

dear daddy

 

Sinopsis:

Luna Camaro, sinónimo de ingenuidad y pureza. Pero que su inocencia no te engañe ella es más lista, detrás sus ojos azules que parecen los de un venado. Así que cuando se cruza con Juan Pablo un hombre dieciséis años mayor que ella, lo vuelve su obsesión y dueño de su corazón.

Ella hará todo lo que este a su alcance para ser suya, y para que él sea de ella por supuesto. Incluso derramar su sangre si es necesario.

Juan Pablo, sinónimo de control y violencia. Pero no la clase de violencia que crees, él no tiene miedo de desechar a las personas que no le sirven para conseguir su objetivo, ser dueño de la empresa multimillonaria Trimeno .Pero no lo hace por el dinero, hay otra razón más profunda para su objetivo. Pero su vida se da vuelta cuando conoce a Luna Camaro. Solo puede pensar en ella.

La quiero.

La quiero.

Es mía.

Es mía.

Esa niña es mía.

Juan pablo usara toda su violencia y control para hacerla suya.

¿Quién es la victima? ¿Quién es el victimario?

Personajes:

Luna Camaro:

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Rosalía Tremino:

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Juan Pablo Adesto:

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¿Qué esperas para leerla?

Dear Daddy : Capítulo uno “Meeting my Daddy.”

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35. 

El columpio se mecía sosteniendo el frágil y pálido cuerpo de Luna Camaro .Su cadera ancha y sus piernas largas como enredaderas se movían haciendo que el columpio llegara lo más alto posible. Su cabello rubio nadaba en el aire, tapando cada vez que se mecía para atrás sus ojos azules con puntos marrones a juego con su rostro pecoso.

Morena Camaro, su madre,  le había dicho que tenía que disfrutar sus últimos días como adolescente mimada y la ahora casi mujer estaba haciendo justamente eso.

Balanceándose sobre el aire como un hada, su vestido rosa tenia  volados, patrones de cerezas y moños. Que estaba ensuciándose con las hojas de los árboles que caían sobre ella  cada vez que el columpio llegaba al cielo. Sus labios pintados de rojo cantaban una canción  afinando como su madre le había enseñado de niña.

Luna lunita.

Da dos pasos hacia mí.

Luna lunita.

Lu-na.

Lu-na.

Dame un beso.

Luna lunita.

Da dos pasos.

Dame un beso.

Be-so.

Be-so.

Paro de cantar cuando  vio a su amiga  saltar la cerca del patio, casi rompiendo sus jeans en el proceso  y correr hacia ella.

—Rosalía—Dijo Luna con una sonrisa, para abrazar a su amiga morena que respondió el abrazo levantando  a  la rubia y girando en el lugar haciendo que esta riera como una niñita.

—¿Estas lista para ir a la empresa? Mi papá nos está esperando afuera— Dijo Rosalía cuando ambas se separaron, enredando su brazo con el de la rubia.

—Sí, solo déjame despedirme de mamá.

—¡MAMÁ!

—¡¿Qué?!—Gritó la mujer desde adentro de la casa.

—¡ME VOY CON ROSA!

—¡Okay, pórtate bien!

—Vamos—Luna  tiro del brazo de su amiga llevándola hasta la puerta del patio y  salir hacia el  garaje donde el padre de Rosa los esperaba en su auto BMW.

Una vez dentro del auto, con una sonrisita la rubia se inclinó sobre el asiento de conductor donde estaba el hombre y beso su mejilla para luego decir:—Hola, señor Tremino.

—Hola,  pequeña—Respondió el hombre, disimuladamente limpiando la mancha de los labios de la muchacha, mirando por el espejo retrovisor a su hija que miraba a través de la ventana como si el comportamiento de su amiga no le molestara en lo más mínimo, cosa que él agradecía— ¿Están listas para el mundo adulto?

—Sí—Respondió Rosalía, mirando a su padre con orgullo a través del espejo.

Luna no respondió, solo sonrió, para luego jugar con uno de los moños de su vestido.

***

Luna había aprendido con el pasar de los años, y después de muchas conversaciones con Rosalía, quien se quejaba de su padre, que este era dueño de una empresa automovilística. Ellos diseñaban los autos,  distribuían los diseños en fábricas y vendían los autos en distintos locales. Eran más que exitosos, eran la  única razón por la que  turistas venían a la ciudad Libertades. Para ver la gran empresa de autos que había empezado pequeña pero que ahora distribuía a todos los continentes.

—Y tú tendrás una oportunidad de trabajar ahí, no lo arruines—Advirtió su madre la noche anterior.

Luna Camaro resoplo ante el simple recuerdo, no quería pasar el resto de su vida preparando cafés para otras personas.  Pero Rosalía le había prometido que ambas escalarían hasta ocupar el lugar del señor Tremino. Y solo quedaba creerle.

La rubia estaba a punto de dormirse cuando el auto paro y  ambas tuvieron que bajarse, la chica miro  hacia arriba con sus enormes ojos azules, el edificio parecía interminable, los vidrios brillaban gracias al sol pero  no se podía ver lo que pasaba adentro.

—Vamos, amiga—Dijo Rosalía que ya había subido las  escaleras hacia la entrada del lugar.

La chica corrió hacia la entrada haciendo que los vuelos de su vestido saltaran y sus moños se movieran de un lado a otro.  Sus ojos seguían mirando todo a su alrededor tomando todo y endulzando su mente con todos los lujos, había  pilares de mármol, computadoras último modelo, las secretarias  parecían  vestir ropas Dior.

—Ustedes se vestirán igual, pequeñas—Comentó su padre con una sonrisa orgullosa.

Subieron a un ascensor dorado que parecía subir interminablemente,  ¿Realmente hay 30 pisos? Pensó la rubia tomando la mano de su amiga quien rio al verla nerviosa. Luego de unos segundos el ascensor paro y las puertas se abrieron a una enorme oficina, el piso alfombrado de azul, pero no era una tela normal, cuando las zapatillas converse de la chica tocaron la tela pensó que iba a resbalarse. Todos los empleados  vestían trajes azules, grises o negros. Entonces entendió porque su amiga se había puesto unos jeans con una remera blanca, de repente el vestido blanco con cerezas de Luna parecía fuera de lugar e inapropiado para una reunión, pero Rosalía le había dicho que solo se pasarían por la oficina mientras todos estaban en una reunión general, no que estarían todos allí.

—Por aquí—Dijo el señor Tremino  poniéndose delante de ellas y caminando hacia la oficina principal que tenía una pared de vidrio haciendo que todo lo que estaba adentro fuera visible. Ambas entraron ignorando las miradas curiosas de los trabajadores.

El adulto se sentó en su silla de cuero y parecía estar a punto de decir algo pero entonces el teléfono en su escritorio sonó, y una luz roja del mismo empezó  a parpadear. Aparentemente molesto  el hombre se disculpó y tomo el teléfono, para escuchar unos segundos y luego decir bueno ya voy.

—Espérenme aquí—Ordenó él para luego salir de su oficina.

Rosalía se quedó en su lugar, pero la rubia se levantó y se sentó en el lugar que antes el señor Tremino había ocupado, levantando sus piernas y apoyándolas en el escritorio, sus zapatillas manchando las carpetas que estaban allí. Tomo el teléfono y forzó su voz a que sonara grave.

—Grace, tráeme un café y un pico dulce (1), ¡Ahora! ¡Chop- chop!

—Okay, señor Tremino—Respondió una voz suave y dulce.

Luna rio y cortó la llamada estampando el teléfono entre risas, Rosalía tapo su boca riendo sin poder creer lo que acababa de suceder. Pero pararon cuando la joven secretaria entro con una bandeja que contenía justo lo que ella había pedido, la mujer busco al señor Tremino  con los ojos pero no hizo nada al no encontrarlo solo salió de la oficina despidiéndose de ambas adolescentes con un asentimiento de cabeza.

Ambas rieron a carcajadas cuando la mujer estuvo lejos,  y Luna tapo su cara con la falda de su vestido. Pero la puerta de vidrio volvió a abrirse, con la voz de alguien diciendo :—Señor Tremino, tengo el informe que me pidió.

Inmediatamente la rubia bajo su falda y Rosalía se atraganto tosiendo gravemente y evitando la mirada del hombre.

Era un hombre  alto de hombros anchos, cabello negro corto con algunas líneas grises en la parte de delante de su cabeza, ojos celestes casi grises, un rostro simplemente hermoso, parecía haber sido pintada por Botticelli, una cara de ensueño , nariz perfectamente imperfecta, porque no era respingada había una pequeña montaña en la misma, labios finos rodeados por una barba de dos días. Como si hubiera estado trabajando toda una noche. El hombre sonrió haciendo que en su frente y alrededor de sus ojos de océano se crearan líneas.

—Solo voy a dejar esto aquí—Y mierda si la voz del desconocido no hizo que un rayo recorriera la espalda de la jovencita. Él se acercó al escritorio y levanto las piernas de ella suavemente haciendo que el calor del contacto fuera directamente a todos los lugares escondidos del cuerpo de ella. Y puso la carpeta debajo para luego volver a dejar las piernas donde estaban y mover su dedo pulgar en una pequeña caricia por las pantorrillas ,de la chica , pero así como el contacto sucedió este se escapó del alcance de la chica y el hombre se giró para salir de la oficina.

—Bueno, eso fue incomodo—Dijo Rosalía con una sonrisa, ella se había girado para ver al hombre perderse entre los empleados de la oficina.

—¿Quién es él?—Preguntó Luna Camaro mirando el lugar donde las manos del hombre habían tocado su piel ,dejando una marca inconsciente en el corazón de la chica.

—Ese es Juan Pablo Adesto, mi padre dice que ese hombre está haciendo todo lo posible para quitarle su lugar en la empresa, es realmente molesto y odioso. En algún momento se cansara y se ira de la empresa supongo. Porque mi padre está preparándome para tomar su lugar.

Luna había dejado de escucharla, había levantado sus piernas del escritorio y caminado hasta la puerta para poner sus manos en la misma buscando entre la multitud a Juan Pablo, mientras murmuraba.

—Juan Pablo, Juan Pablo, Juan Pablo—El nombre recorría su boca como un beso profundo y lleno de deseo. O un caramelo que pones en tu boca de niño por primera vez y te da ganas de meter tu mano en la bolsa para sacar más y meterlos en tu boca.

—Luna—Empezó Rosalía, mirando a su amiga con sorpresa—Ese idiota tiene casi  cuarenta años.

—Tenemos diecinueve años.

—Podría ser tu papá.

—Chicle (2)—Advirtió la rubia girándose a ver a su amiga molesta.

—Está bien, no hacía falta que usaras la palabra de alarma.

—Tú fuiste la que lo nombro.

—Perdóname, no fue mi intención lastimarte—Dijo  la castaña levantándose de la silla corriendo a abrazar a su amiga, quien respondió el abrazo.

Mientras abrazaba a su amiga, miro a su izquierda, encontrando a Juan Pablo hablando con uno de sus compañeros, pero luego de unos segundos él despego la vista de su compañero y sus miradas se encontraron.

Fue un encuentro de miradas casi explosivo, que  hizo que mariposas nacieran y murieran  en su estómago ; que su garganta se llenara de arena, y solo pudiera murmurar su nombre, Juan pablo.

“Voy a perder mi virginidad con ese hombre.” Pensó la chica,  para luego sonreír mostrando sus blancos dientes.

Si disfrutaste el primer capítulo por favor comenta y denle like.

Notas:

  • Pico dulce : Es un chupetín que venden en Argentina.
  • Chicle : Luna y Rosalía tienen una palabra de seguridad, cuando alguna de ellas cruza el limite la otra dice esa palabra. Para que la conversación pare y puedan hablar de lo que la lastimo.

 

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