Writing about you: Capítulo nueve.

 

Valeria Pérez no podía creer lo protector que era Peter, luego de que él la dejara en la puerta de su departamento, el chico espero media hora para llamarla por teléfono.

—¿Estas segura que estas bien?—Pregunto él del otro lado de la línea.

—Sí, Peter, no te preocupes, no dejare que Julián me arruine la noche—Aseguró ella, mientras caminaba por su oficina.

—Hay algo que quería decirte, pero soy muy cobarde para decírtelo cara a cara—Admitió el muchacho, haciendo que el corazón de la chica se acelerara.

—¿Q-Que cosa?

Entonces el timbre del apartamento sonó con fuerza, haciendo que la chica saltara en el lugar.

—Tranquila, yo espero—Dijo Peter, Valeria podía imaginar la sonrisa con la que hablaba.

La castaña salió de la oficina con el celular en la mano, y camino hasta la puerta para sacar el seguro y abrirla. Encontrandose con el rostro moreno de Julián.

—¿Julián? ¿Qué haces aquí?— Dijo ella olvidando que la llamada con Peter seguía en pie.

—Solo quería hablar contigo, sin el rubio ese metiéndose—Expreso el chico, con una sonrisa que ella antes habría encontrado encantadora, pero ahora solo la ponía incomoda.

Sin responder, Valeria puso el celular en su oído, iba a decirle a Peter que le hablaría después…pero él ya había cortado la llamada. Aún más nerviosa ella colgó la llamada también, y le hizo lugar a Julián para que pasara.

Una vez dentro, él entro como si recordara perfectamente el departamento y se sentó en uno de los sillones de la sala, ella vio todo con una ceja levantada pero se sentó enfrente de él.

—¿De qué quieres hablarme?—Preguntó la castaña.

—Sé que no terminamos en los mejores términos, pero quiero decirte que me arrepiento, quiero disculparme y empezar de nuevo. Sé que hay una conexión entre nosotros, ¿Tú no la sientes?

—Julián, no terminamos en buenos términos porque no había empezado nada, salimos un par de veces, nos dimos un beso pero eso es todo. Admito que en su momento me dolió que te desaparecieras de la nada, pero ya lo supere, y espero que tú también lo hagas.

—Es por ese rubio, ¿Verdad?

—Ese rubio se llama Peter, y es más caballero que tú—Valeria sabía que era un golpe bajo, pero creía tener derecho a hacerlo.

—Así que por eso pasaste de intentar hablar conmigo a ignorarme.

—Se dieron vuelta los papeles, Julián, yo ya no te buscare nunca más. Porque ahora lo quiero a él—Julián asintió, sus ojos perdidos, parecía estar asimilando la información, pero luego de unos segundos se volvió a mirarla a ella.

—Solo piénsalo ¿sí?, no quiero que nos quedemos pensando en cómo podría haber sido nuestra relación—Valeria estaba por refutar las palabras de él, pero este  la detuvo con un gesto de su mano—Solo piensa en nosotros.

—Creo que deberías irte, estás perdiendo tu tiempo—Dijo Valeria, para luego levantarse y caminar hasta la puerta, él la siguió, pero cuando ella abrió la puerta el muchacho se inclinó y beso su mejilla. La muchacha no pudo evitar sonrojarse, y él sonrió al ver su reacción.

Cuando Julián salió, ella cerró la puerta de un portazo. Maldiciendo sus reacciones y su corazón.

Desbloqueo su celular, y abrió su chat con Peter. Él le había enviado un mensaje.

Peter:

Perdona, no quería escuchar la voz de ese tipo.

Valeria:

No deberías sentirte amenazado por él, no es nadie importante.

Peter:

Sé que paso algo entre ustedes. Cualquiera se sentiría un poco celoso.

Valeria:

El tema es que no sucedió nada, Peter, Julián  fue una casi relación. Si es que eso existe.

Peter no respondió, ella se dejó caer en el sillón y cerro sus ojos. El recuerdo de Julián Oro consumió su mente.

—Eres muy linda, ¿Lo sabes?—Pregunto él, acercándose a ella hasta que sus narices se rozaron.

Julián Oro la había acompañado hasta la puerta de su casa, luego de una cita que parecía soñada, el moreno escuchaba todo lo que ella decía, no le importaba si hablaba mucho, pago la comida, y le compro un helado a la vuelta.

—Gracias—Respondió ella, pero a penas termino de hablar él elimino el espacio entre ambos con un beso.

Un beso que dejo a Valeria flotando todo el tiempo que estuvo en el ascensor llegando a su piso. Fue un beso tierno, casto, lleno de inocencia.

Pero entonces Julián Oro dejo de hablarle.

No respondía sus mensajes.

Y finalmente desapareció de su vida.

“Julián nunca fue ni será mi novio, no quiero que lo sea, quiero a Peter.” Pensó la chica para luego levantarse del sillón e ir a la cocina para prepararse algo para comer.

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Writing about you : Capítulo ocho.

 

Todos sus compañeros de trabajo estaban parados a su alrededor, en un círculo, parecían gigantes, a penas podía distinguir sus rostros. Pero por algún motivo sus voces sonaban claras como si estuvieran a su misma altura.

—¡Puta!

—¡Prostituta!

—¡Te entregaste por dinero!

—¡Sin vergüenza!

Ella entre lágrimas grito :—¡Juro que soy virgen!

Entonces despertó, estaba en el auto de Peter, él la miraba con los ojos como platos.

“Oh, creo que dije eso en voz alta.” Pensó avergonzada la chica, sintiendo como su rostro se enrojecía.

—¿Eres virgen por elección o…?—Preguntó el chico entre medio de carraspeos, evitando mirarla a los ojos.

—Em, hubo ofrecimientos, pero yo, es decir…

—No tienes que aclararlo—Dijo él avergonzado de su pregunta, encendió el auto tratando de distraerse pero ella respondió su pregunta.

—Mis padres me hicieron creer en el amor verdadero, y que el sexo  es una forma de expresar amor. No algo que se hace solo por placer físico. Sé que es tonto, que el sexo puede ser divertido, pero no creo ser capaz de hacerlo con un desconocido—Todo esto lo dijo mirando a través de la ventanilla del auto, viendo como mujeres, hombres y niños caminaban por la acera despreocupados. Ella se sentía a kilómetros de distancia de ellos.

—Eso es un hermoso pensamiento—Dijo el chico mirándola con una sonrisa amable.

Ella se giró a verle antes de preguntarle :—¿Tu eres virgen?

—No, perdí mi virginidad a los 16 con mi primera novia, estaba borracho , a penas recuerdo la mitad de lo que sucedió.

Valeria no dijo nada, al notar su incomodidad él tomo su mano y dijo :—Eso no significa que piense que todos deberían hacer lo mismo que yo, no me avergüenza haber perdido mi virginidad y no recordarlo, y a ti no debería avergonzarte  no  haber hecho lo mismo que yo. Cada uno elige su camino.

—Tienes razón—Dijo ella, posando su otra mano sobre la de él.

—Okay, creo que es hora de que tomemos un café así te despiertes, ¿Qué te parece?—Dijo él terminando el contacto para empezar a manejar por las calles, ella susurro un simple sí.

Pero entonces recordó porque Peter la había venido a buscar en un primer lugar y sintió como la bronca recorría su cuerpo.

—No puedo creer que Franco mintiera sobre eso, ahora todos piensan que soy una puta.

—No debería importarte lo que piensen los demás, tú sabes lo que hiciste o no hiciste, eso es lo que importa. Además, yo te creo, no servirá de mucho pero lo hago—Dijo él girándose un segundo para mirarla con firmeza un segundo.

—Gracias, Peter, por todo.

—No tienes que agradecer nada.

—No, me buscaste cuando te pedí que vinieras, no cualquiera lo haría.

El joven  no dijo nada, solo sostuvo la mano de la chica mientras manejaba.

**

Para su sorpresa, Peter Oro la llevo a una librería. Estaba casi vacía, los pisos alfombrados perfectamente limpios,  los libreros organizados según género y al final un barcito .

Caminaron hasta el bar, ella se sentó mientras Peter hacia el pedido, pero antes de volver a la mesa, el rubio tomo un libro de uno de los libreros.

Se sentó enfrente de ella y le paso el libro.

—Romeo y Julieta—Leyó ella en voz alta. Sintió un calor expandirse por su pecho, ese era su libro favorito, ¿Cómo podría él haberlo adivinado? Miro a Peter, quien le sonrió.

—Creí que podríamos leerlo juntos—Propuso él, ella sintió para abrir  el libro, y leer  el primer párrafo en voz alta.

En la hermosa Verona, donde colocamos nuestra escena, dos familias de igual nobleza, arrastradas por antiguos odios, se entregan a nuevas turbulencias, en que la sangre patricia mancha las patricias manos. De la raza fatal de estos dos enemigos vino al mundo, con hado funesto, una pareja amante, cuya infeliz, lastimosa ruina llevara también a la tumba las disensiones de sus parientes. El terrible episodio de su fatídico amor, la persistencia del encono de sus allegados al que sólo es capaz de poner término la extinción de su descendencia, va a ser durante las siguientes dos horas el asunto de nuestra representación. Si nos prestáis atento oído, lo que falte aquí tratará de suplirlo nuestro esfuerzo.

Valeria Pérez paro de leer para ver si él la escuchaba, el rubio tenía sus ojos cerrados como si estuviera comiendo un delicioso pastel, ella siguió leyendo la obra con una sonrisa.

**

Peter se estaba enamorando, podía sentirlo en la forma en la que la voz de Valeria lo calmaba. Como su voz incendiaba su pecho quemando todos los amores de su pasado, para plantar uno nuevo en su corazón.

Había dejado de prestar atención a lo que leía, y solo escuchaba el timbre de su voz, con cada párrafo que leía se acercaba cada vez más a ella, hasta que sus hombros se rozaban. Y cuando Valeria paro de leer y lo miro a los ojos, él elimino la distancia entre ambos con un beso.

Ella se quedó helada en el lugar en un primer momento, pero luego cerro sus ojos y amplio el beso. Rodeando su cuello con sus brazos, y él enredo sus manos en el cabello de la chica.

Era el beso perfecto, el primer beso de amor puro de Valeria, si se había besado con Peter antes pero sabía que nadie ni nada lograría superar el  contacto que compartían ahora. Quizás eran las palabras románticas de William Shakespeare que habrían logrado ese efecto, no importaba. Quedaría grabado en su corazón hasta el final de su vida.

Pero entonces un grito hizo que ambos se separaran, y Valeria se preguntó si todos sus besos con Peter serian interrumpidos con un beso, pero esta vez no era Franco quien gritaba, sino Julián. Bueno Franco estaba detrás de Julián, él siempre estaba presente en sus besos de una forma u otra.

—¡¿En serio elegirás a este rubio idiota?!—Preguntó Julián.

—Serás descarado—Empezó Valeria, alejándose de Peter para enfrentarse a Julián cara a cara—Vos dijiste que no querías nada conmigo.

—Quizás cambie de opinión—Admitió el moreno, y detrás de él,  Franco se tapó la cara.

—Es demasiado tarde, Julián, ya no sos mi chico perfecto—Luego de que la castaña dijera esto, Peter la tomo de la mano haciendo que dejara de mirar al moreno, y le hablo.

—Pagare la cuenta y podremos irnos de aquí—Ella le sonrió viendo cómo se alejaba hasta la barra donde todos los mozos estaban preparando las bandejas. Valeria Pérez se giró a mirar  los dos chicos que pretendan robar su corazón, y les hablo con dureza.

—No sé qué se les paso por la cabeza a ustedes para seguirme hasta aquí, pero están perdiendo su tiempo. Franco, nunca me gustaste, y tu Julián, la verdad es que mi corazón ya no te pertenece.

—¿Vamos?—Preguntó Peter que ya había regresado.

Ella enredo su mano con la del rubio, y la siguió hasta fuera de la librería.

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Writing about you: Capítulo siete.

Toda acción tiene una consecuencia, a veces las consecuencias son lindas. Como cuando le regalas flores a tu esposa, y ves su bella reacción de felicidad y sorpresa. Eso es simplemente hermoso, un recuerdo que quedara grabado en tu mente, que recordaras cuando estés triste porque el mundo parece demasiado grande  y vos muy pequeño.

Pero hay acciones que traen consecuencias catastróficas, y esas eran el tipo de acciones que  inconscientemente Franco  solía crear. Cuando era niño se le ocurrió incendiar unas ramas en el patio trasero de la casa de abuelo, y cuando este se dio cuenta apago el fuego, lo llevo a rastras hasta la casa y le dio 12 nalgadas que lo dejaron llorando a gritos.

Pero esas nalgadas no cambiaron su actitud, aun en su adultez seguía cometiendo los mismos errores. No, no había incendiado ningún jardín, pero el lunes cuando Valeria le llamo despertándolo, no era para pedirle una cita, si no para insultarlo.

—¡¿Por qué le dijiste a todos que me acosté contigo?!¡Sabes que eso es una puta mentira! ¡Puedo perder mi trabajo idiota! ¡¿En serio eres tan egoísta y mentiroso?! ¡Por eso no quiero salir contigo! Imbécil—Lo último lo dijo en un murmuro, pero él pudo escucharlo antes de que ella terminara la llamada.

Franco tapo su cara con sus manos, cuando se había puesto a regodearse de algo que no sucedió con sus amigos en el bar, se había olvidado de un pequeño detalle. Valeria trabajaba para su tío.

El nombre completo del muchacho es Franco Freux, su abuelo había creado un periódico que con el pasar de los años se había vuelto uno de los diarios más importantes a nivel nacional. Su tío lo había heredado luego de que el padre de Franco muriera en un accidente de auto, y en un futuro él lo heredaría, pero eso no saldría bien ya que Franco no tenía ni el más mínimo interés en el periodismo, el único diario que leía era Clarín, y eso era por las historietas de Gaturro.

Él amaba a ese gato amarillo.

**

Valeria Pérez estaba orgullosa del trabajo que había conseguido, había salido de la universidad sin ninguna idea de a dónde ir o a quien recurrir. Luego de semanas buscando trabajo en pequeños periódicos y revistas online, escucho de su madre que habían abierto una vacante como secretaria en el periódico Freux.

¿Secretaria? Valeria apenas sabía cómo preparar un café en ese entonces. Pero necesitaba ganar su propio dinero, para dejar de vivir de sus padres, y para tener su propia habitación. Su hermano no paraba de dejar sus calzoncillos sucios en una esquina de la habitación. (1)

Pero cuando fue a la entrevista y le mostro sus escritos, solo por curiosidad de saber qué pensaría, todo lo inesperado sucedió. El hombre pidió que volviera con todos sus escritos,  y en una semana después tenía su propia columna en el periódico y un stress que le hizo salir canas en los lugares más extraños.

Pero actualmente todo estaba desvaneciéndose frente a ella.

Todo parecía indicar que era un día normal, se levantó, se vistió, peino, y maquillo lo más vagamente que pudo. Entro al periódico, y se sentó en su pequeño cubículo, pero cuando lo hizo escucho a sus compañeras hablando a sus espaldas.

—¿Escuchaste que Valeria se acostó con el sobrino del señor Freux?

—¡Sí! ¿Puedes creerlo? Eso explica como esa perra  consiguió su propia columna en el periódico.

—¡Eso no es cierto! ¡Soy virgen!—Gritó Valeria, levantándose del cubículo.

Todos se giraron a verla con una sonrisa y luego empezaron a reírse a carcajadas, y Valeria salió corriendo hacia el baño de la oficina. Cuando se encerró en un cubículo del baño, empezó a llorar desconsoladamente hasta que miro la puerta del cubículo y ahí encontró su respuesta.

Toda la culpa era de Franco, marco su número y lo insulto hasta Canadá. Pero cuando termino la llamada noto un par de piernas enfrente de su cubículo, iba a preguntar quién era pero entonces escucho:

—Valeria, soy el señor Freux, quiero hablar contigo.

“Mierda , mierda” Pensó la chica entre lágrimas.

Temerosamente la chica se levantó del asiento del inodoro y abrió la puerta del baño, encontrándose con el director Freux que tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Y la miraba con severidad.

—Creo que ya escuchaste los rumores que hay en el periódico.

—Puedo explicarlo—Dijo ella pero él la detuvo.

—Franco me llamo y me dijo todo, sé que es una mentira.

Valeria al fin pudo respirar. No iba a perder su trabajo.

—Pero quiero dejarte claro que no puedes tener ningún tipo de relación con mi sobrino, por el bien de ambos. Sé que él es difícil de alejar, cuando ve algo que le llama la atención se obsesiona, pero sigue evitándolo lo más que puedas. Porque si le das lugar, este será el principio de muchos rumores. No te preocupes, yo parare todo este circo lo más que pueda. Tú lávate la cara y sal con la cabeza en alto, ¿Si?

Valeria asintió, y recibió una palmaba en el hombro de su jefe quien luego salió del baño.

Sola, la chica volvió a encerrarse en el baño, y saco su celular. Abrió un bloc de notas y empezó a escribir.

Peter Oro  le envió un mensaje a Valeria, preguntándole como estaba.

A penas guardo el bloc de notas, un ping! Sonó de su celular, indicando que tenía un nuevo mensaje.

Peter Oro:

¿Cómo estas, cariño?

Valeria le envió un mensaje explicándolo todo lo que había sucedido. Inmediatamente recibió la respuesta que esperaba.

Peter Oro:

Espérame ahí en el baño, te pasare a buscar.

La castaña bloqueo su celular y  rodeo sus piernas con sus brazos, escondiendo su rostro. Los minutos pasaron, con ella sollozando de vez en cuando o maldiciendo a Franco.

Hasta que escucho la puerta del baño abrirse y unos pasos dubitativos acercarse al cubículo donde ella estaba. Y la persona toco un par de veces la puerta para luego decir:—Vale, soy yo , Peter.

La chica se levantó y salió del cubículo. En cuanto el rubio la vio la abrazo y beso su cabello, y murmuro palabras dulces para tranquilizarla. Y partir de entonces la chica se sintió más tranquila, pudo respirar más suavemente, quizás era la colonia del hombre, o la forma en como la sostenía, pero se sentía segura.

—Te llevare a casa, ¿Si?—Dijo él cuándo se separaron, la chica asintió pero enredo su mano con la de él.

Juntos caminaron hacia la salida de la oficina con las cabezas en alto, y  se subieron al auto del chico. En cuanto se sentó en el asiento  del auto, la chica cerró sus ojos y se durmió.

Peter la miro con ternura y se sacó su campera para posarla encima del cuerpo de la chica, para que no se enfriara, y encendió el motor del auto para manejar hasta el departamento de la chica.

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Notas:

  • (1) Imagino que la habitación está dividida por una pared , pero siguen conectadas, ¿Se entiende?

Writing about you: Capítulo seis.

 

Valeria Pérez se había tomado el trabajo de levantarse un poco más temprano de lo normal, ponerse su mejor conjunto de trabajo, maquillarse con un toque de rosa extra. Se peinó su melena enmarañada, y se hizo una coleta alta perfecta.

Pero cuando abrió la puerta de su departamento con su cartera de trabajo colgada de su hombro, lo primero que vio fue a Franco apoyado contra el marco de la puerta, una sonrisa que seguro tenía la intención de ser encantadora pero que no funcionaba en ella. Él la miro a los ojos y dijo:

—¿Quieres salir conmigo a tomar algo?

—Algunas personas tenemos que trabajar, sabes—Respondió ella, empujándolo y cerrando la puerta del departamento detrás de ella para casi correr por el pasillo.

—¡Oh vamos! Por un día que llegues tarde no pasara nada—Pidió el, posando un brazo sobre el hombro de la chica.

—Vete a la mierda, Franco.

—Oh, vamos, cariño.

—Creo que ella te dijo que no—Valeria paro de caminar cuando se topó contra el pecho de Peter, quien tenía los ojos clavados en Franco quien inmediatamente retrocedió levantando las manos como si la policía lo hubiera atrapado.

—Oye, está bien, tú ganas hoy—Luego de decir esto Franco se alejó y Valeria se dio la oportunidad de respirar.

—Te dije que me esperaras en el departamento, Vale—Dijo Peter mirándola asustado.

—Lo sé, pero no pensé que estaría despierto tan temprano.

—Perdóname, me puse muy sobreprotector—Dijo él tapando su cara por un segundo avergonzado.

—Yo también estaría preocupada por ti si una loca te acosara, Peter—Dijo ella, para luego seguir caminando seguida de un sorprendido Peter.

**

Valeria no se dio cuenta de lo acertada que eran sus palabras hasta que entraron a la oficina, ella se sentó en su pequeño cubículo, prendió su computadora, pero cuando se levantó buscando con su mirada a Peter lo encontró en su lugar de trabajo junto a Renata Wexler, o mejor dicho siendo atacado por Renata. Él estaba sentado en su asiento, y ella estaba inclinada sobre su escritorio, dejando que el escote de su camisa no dejara nada a la imaginación. Los ojos de la rubia estaban brillosos y algo achinados, Valeria suponía que estaba tratando de ser seductora. Pero Peter parecía incomodo, su cuello estaba rojo, y estaba de a poco alejando su silla de la chica.

Con una confianza desconocida para ella, la castaña se levantó tomando una de sus pesadas carpetas donde guardaba sus historias, y camino hacia el puesto de trabajo del rubio, soltó su carpeta sobre el escritorio entre ambas personas haciendo que un sonido estremecedor hiciera que todos se giraran a verles. Renata se paró derecha mirando a la señorita Pérez con odio.

—¿Podemos ayudarte en algo, Valeria?—Preguntó Renata, su boca escupiendo cada palabra.

—Sí, Peter y yo tenemos que trabajar en los dibujos de mis cuentos—Explicó la castaña con una sonrisa.

—S-sí, tenemos mucho en que trabajar—Dijo Peter rápidamente tomando la carpeta y clavando sus ojos en la computadora.

—Adios, Peter—Dijo la rubia seguida de una risita para caminar moviendo sus caderas de un lado a otro llamando las miradas de varios empleados. Pero Peter se recargo contra su silla tapando su cara.

—¿Por qué no le dices que no estas interesado?—Preguntó la castaña apoyando su mano sobre el hombro del chico.

—Se lo dije, ella siguió insistiendo.

—Tranquilo, solo dame una señal y yo te salvo—Bromeó ella.

—Te tomare palabra—Respondió él mirándola seriamente.

***

Como si su vida no pudiera ponerse peor, Valeria caminaba de nuevo por el pasillo de su edificio, había tirado su cartera al suelo y la arrastraba con la mano, cansada de tener que escuchar a su jefe diciéndole que mínimos detalles tendría que pasar toda la noche puliendo de sus historias.

Pero cuando estaba a unos metros de su departamento vio a dos personas discutiendo agresivamente enfrente de su puerta. Eran Franco, su vecino, y Julián Oro, su casi novio.

—¿Estas acosándola?—Preguntó Julián, mirando con odio a Franco.

—No, solo quiero que salga conmigo.

—Entonces que haces parado enfrente de su puerta.

—¿Y tú que haces aquí también?, ella no quiere verte.

—¿Tu como sabes eso?

—No quiero hablar contigo—Respondió Valeria acercándose a ambos, pero sus ojos estaban clavados en los de Julián, que al escuchar su respuesta aprecia decepcionado.

—Valeria—Pidió él, y ella sintió como su corazón se estrujaba por un asegundo pero cerro sus ojos, tomo un respiro y se forzó a decir.

—Ambos váyanse de aquí o llamare a la policía.

Y luego de decir esto se encerró en su departamento. Pero a penas dejo su cartera en el sillón su celular sonó, abrió la cartera y saco el teléfono para desbloquearlo y leer el mensaje que era de un número que no recordaba.

XXXXXX:

Vale, soy Julián necesito hablar contigo.

Ella se obligó a respirar antes de responder.

Valeria:

Voy a bloquearte ahora.

Julián:

Escúchame, quería disculparme por todo lo que pase, me comporte muy mal contigo. Debería haberte dicho  desde el principio que lo que buscaba no era una relación seria, en vez de haberte mentido. La verdad es que no soy así, no sé porque me comporte de esa manera contigo. Solo quería decirte eso, perdón, ojalá algún día puedas perdonarme.

Ella no respondió el mensaje, solo rodo los ojos y metió el teléfono en su cartera. Se dejó caer en el sillón, y cerró los ojos. Recordó todo lo que vivió con Julián. Las tres citas, el último beso, y finalmente su desaparición sin ninguna explicación.

Luego se obligó a borrarlo de su mente y se encerró en su oficina para escribir.

**

En el bar de la esquina del departamento de Valeria, Franco estaba tomando una cerveza con sus amigos. Todos estaban hablando sobre las ultimas chicas con las que salieron últimamente y el no pudo contenerse.

—Hace poco me acosté con Valeria Pérez.

—¿Tu vecina?—Preguntó uno de sus vecinos.

—Sí, y no sabes lo que fue en la cama…

Y así Franco paso horas hablando  y dando detalles de cómo Valeria había sido su amante. Todos sus amigos escuchaban entre risas, creyendo cada una de sus mentiras.

Franco por supuesto no pensó en las consecuencias de sus actos.

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Writing about you :Capítulo cinco.

 

Valeria Pérez sabía porque estaba tan encerrada en su propia vida, evitando que nuevas personas entraran a ella. Lo sabía aunque no lo dijera en voz alta, lo sabía sin tener que ver a un psicólogo.

Tenía miedo.

Terror de dejar a que alguien entrara a su vida y la lastimara. Porque la habían lastimado demasiadas veces. Así que cuando Peter pasó a buscarla, ella tenía decidido la idea de odiarlo.

Valeria quería odiarlo, realmente quería hacerlo, pero Peter era todo un caballero.  La paso a buscar  en horario y  abrió las puertas para ella. Y la dejo hablar pero también respondió todas las preguntas  que ella le hizo.

—¿A qué colegio fuiste?

—¿Por qué elegiste esta carrera?

—¿Cómo te va en el trabajo?

Todo mientras comían helado y  se miraban a los ojos con sonrisas. Cuando terminaron los helados se levantaron y  caminaron por el parque del frente, él le compro algodón de azúcar y ella lo devoro mientras escuchaba  sobre la familia de Peter.

Pero hubo un momento en el que ella termino de comer su algodón de azúcar, y él la tomo de la mano, de repente, de forma casual mientras miraba a las demás personas que caminaban cerca de ellos, evitando mirarla a los ojos.

Ella sentía como su mano sudaba, pero no podía evitar perderse en los ojos de él cuándo se giró a mirarla, o notar como sus pestañas color caramelo chocaban contra su piel tostada.

—¿Todo bien?—Preguntó él con una sonrisa.

—Sí—Respondió ella con un susurro.

Entonces él paro de caminar y la atrajo hacia él con delicadeza para besar su frente. Valeria cerro sus ojos ante el contacto, y sintió como un calor recorría su cuerpo dejándola hecha arcilla para que el muchacho moldeara. Cuando se separaron los rostros de ambos quedaron  a unos centímetros, y sintiendo una valentía causada por el calor que él había originado, ella elimino la distancia entre ambos uniendo los labios de ambos.

Él sonrió en medio del beso y rodeo la cintura de la castaña con sus brazos acercándola más.  Él pidió permiso para aumentar el contacto rozando su lengua con los labios de ella, quien abrió su boca sorprendida y así empezó un beso más pasional. Donde una batalla de dominancia ocurrió a través de sus lenguas, la cual él gano y con una de sus manos acaricio el cuello de la chica.

Cuando el aire hizo falta ambos se separaron unos centímetros, los dos mirando  los labios rojos del otro. El chico volvió a sonreír y abrazo a la chica para luego murmurar en su oreja:—Ese fue el beso más dulce e inocente de mi vida.

Ella se sonrojo hasta las orejas pero respondió el abrazo apoyando su cabeza en el hombro de él, perdiéndose en el perfume masculino que la dejo casi flotando.

Pero la cita había sido demasiado perfecta, algo tenía que suceder, ¿No? Él grito de alguien hizo que ambos se separaran.

—¡¿Qué mierda , Valeria?!

Peter intento mantener el contacto pero ella corrió las manos de él, horrorizada al ver a Franco a unos metros de ellos

—¿Quién es él?—Murmuró Peter cerca de la oreja de la chica. Antes de que Valeria pudiera responder, franco se adelantó.

—¡¿Qué quién soy yo?! ¡Soy su novio!

—¡¿Qué?!—Chilló la castaña mirando a Franco como si le hubiera crecido otra cabeza, pero no perdió tiempo para contestar: —Nosotros no somos nada, tú estas obsesionado conmigo.

—Creo que deberías irte, amigo— Pidió el rubio, poniéndose en frente de Valeria. El muchacho se sonrojo de la furia y  se acercó a zancadas hacia el rubio, parándose derecho y haciendo sus hombros hacia atrás tratando de volverse más alto y fuerte que el otro chico , pero Peter no se dejó intimidar, simplemente levanto las cejas  mirándolo con pena en sus ojos.

—¿Yo debería irme? Ella es mi chica—Dijo Franco levantando las voz, y haciéndola sonar más gruesa.

—No voy a pelear contigo, porque no peleo con idiotas.

Franco parecia estar a punto de lanzar un golpe, pero entonces Valeria se puso en el medio y lo empujó hacia atrás con sus manos.

—Solo vete—Dijo ella, Franco miro a Peter mientras retrocedía para luego decir :

—Esto no termino aquí, rubito.

Se alejó no sin echar miradas hacia atrás para verlos. Cuando desapareció, Peter puso una de sus manos en la cintura de la chica y beso su corinilla.

—Olvídate de él, si te molesta solo dímelo—Peter la miró con preocupación en sus ojos.

—Es inofensivo conmigo, solo me preocupa que te moleste.

—Puedo lidiar con él solo, no te preocupes—Dijo él para luego guiñarle, haciendo que ella se sonrojara. Él rio al ver el rojo de su rostro.

**

Valeria Pérez  se había tomado el trabajo de reescribir el cuento que su jefe le había corregido, y empezado a escribir el principio del siguiente. Estaba estirando sus brazos apoyándose contra  el respaldo de la silla, cuando escucho el sonido de algo cayendo contra el suelo.

No esta demás decir que Valeria no tenía mascotas que pudieran hacer travesuras mientras ella escribía encerrada en su oficina, así que el sonido la asusto obligándola a girarse en la silla mirando la puerta de su oficina.

Se levantó de su silla y tomo el bate de beisbol que su padre le había regalado de niña y ella nunca se había tomado el trabajo de vender, ya que estaba como nuevo y camino hacia la puerta. La abrió lentamente y no vio a nadie en la oscuridad de la sala de su departamento.

“Por estos motivos tengo que prender la luz cuando se hace de noche, aunque este ocupando la oficina solamente”  se reprochó la chica, levanto el bate con una mano lista para golpear, y con la otra apretó el  interruptor de la luz.

Lo que paso después fue lo siguiente, al ver a alguien en la sala ella grito soltando el bate, y salto en el lugar del susto. Pero en cuanto reconoció a Gustavo, que también estaba gritando, ella poso la mano en su pecho y miro con odio a su amigo.

—¡¿Qué mierda haces aquí?!—Chilló ella.

—Vine a escuchar que paso en tu cita.

—¿Cómo mierda entraste?

—El celador me dejo entrar, piensa que soy tu novio—Dijo él mirando a su amiga como un perro que había sido atrapado haciendo una travesura.

—Solo siéntate, preparare café—Dijo Valeria rendida.

Unos minutos después ambos estaban sentados en el sillón, ella le había pasado una taza de café a su amigo, y habían empezado a hablar sobre la cita. Él sonrió, asintió  en los momentos indicados y rio cuando ella le contaba los momentos tiernos como el beso. Pero entonces el hizo la pregunta que ella había evitado todo este tiempo.

—¿Te sacaste la duda si tú lo creaste?

—Nop, es decir, tiene una familia, una vida pero…cada vez que escribo alguna escena eso sucede—Dijo ella con sinceridad el asintió.

—Creo que deberías aprovechar tus poderes.

—¿Qué? ¿No me habías dicho que no lo hiciera?

—Lo sé , lo sé—Admitió él , evitando mirarla avergonzado. Antes de continuar hablando—Pero podrías usarlo para el beneficio de ambos.

—¿En qué forma esto le beneficia a Peter?

—Eres la chica perfecta, y él es  el chico perfecto. Una pareja literalmente hecha en el cielo—Dijo él con una sonrisa.

Valeria negó con la cabeza, y  se apoyó contra la espalda del sillón cerrando sus ojos, el rostro de Peter vino a su cabeza y sintió que su corazón se estrujaba.

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Writing about you :Capítulo cuatro.

Además de Renata había otra persona que Valeria odiaba, más bien no era odio, si no repulsión. Franco Fabrido. Alto, castaño, ojos verdes, rostro lleno de lunares y pecas. Cuerpo atlético, pero demasiado, era un gigante ¿Por qué lo odiaba? Ambos habían ido juntos a la misma escuela, y el recuerdo de lo que él le hizo hacia que la chica se retorciera cada día al menos una vez. No era dolor, era resentimiento.

        Era marzo, el calor no había abandonado la pequeña ciudad llamada “Pequeños ángeles”, así que Valeria había decidido usar un bello vestido azul  floreado, y unas sandalias marrones.

        Estaba sacando sus libros de su mochila al principio de la clase de  matemáticas, pero entonces alguien se sentó a su lado, era Franco Fabrido. El chico del que todos hablaban, ya fuera por buenos o malos motivos, la chica trago en seco y  evito mirarlo a los ojos.

—Hola, Vale, quería preguntarte algo antes de que la clase empezara.

—C-claro.

—¿Quieres que nos encontremos después de clase debajo de las gradas?

—E-está bien—Respondió la chica sintiendo como su rostro se sonrojaba.

         Solo había un motivo para que te invitaran a ir  debajo de las gradas : A)Beso B)Sexo o c)Drogas. Valeria esperaba que fuera por A o C. En el caso de C podría darle su lápiz de labios y salir corriendo.

Antes de que la clase empezara, Franco se cambió de lugar no sin antes mostrarle una encantadora sonrisa.

          El resto de las clases Valeria  se la paso nerviosa en su lugar, tratando de distraerse con sus apuntes. Pero todo le hacía recordar que después de clases ella tendría que enfrentarse a franco y no se sentía lista.

       Pero la temida hora llego, y ella camino como una vaca al matadero por los pasillos, hasta que llego al enorme patio del colegio. Camino mirando a todos lados esperando ver a franco, pero no lo vio hasta que llegó hasta las gradas.

El chico parecía algo nervioso, miraba hacia arriba y hacia los lados, pero en cuanto la vio él sonrió y se acercó para besar su mejilla.

—¿Cómo estás?—Pregunto él.

—M-Muy bien—Respondió ella tomando  una de las correas de su mochila tratando de distraerse.

—Genial, solo quería decirte que eres muy hermosa, y me tomo bastante tiempo tomar el coraje para hacerlo—Dijo él mirando el suelo  su rostro tomando un tierno sonrojo.

—G-racias T-u T-también eres muy gua—La chica iba a terminar la oración, pero entonces  algo pegajoso, pesado y oloroso cayó sobre ella, cuando la chica iba a mirar hacia arriba tratando de ver que era , una cubeta golpeo su cabeza haciendo que  cayera al suelo.

Antes de perder el conocimiento, vio a dos chicas sentadas arriba en las gradas , porristas, riendo mientras chocaban las manos festejando.

Este recuerdo hizo que  el corazón de  la chica se estrujara, Valeria había tenido la suerte de no haber sufrido bullying extremo todo el secundario. En  su último año de secundaria los populares habían hecho ese plan para hacerla sentir mal. Pero ese no fue el fin de la historia, nunca nada termina, las personas están conectadas por hilos y hay algunas personas que están destinadas a cruzarse una y otra vez, sin importar cuanto estires el hilo.

El sonido de alguien tocando la puerta de su departamento la obligo a salir de su mente. Se levantó del sillón, apagando la tele en el proceso, corrió hacia la puerta sacando el seguro y abriendo la misma lentamente, en cuanto se encontró con el rostro de Franco Fabrido intento cerrar la puerta pero él puso su pie en el medio.

—¿Qué quieres?—Preguntó ella abriendo la puerta, como siempre evitando mirarlo a los ojos.

—Solo vine por sal—Dijo él sacando de detrás de su espalda un salero.

Valeria  suspiro tratando de controlar su furia, oh, ¿No entiendes nada? Después de que Valeria termino la facultad se mudó a un pequeño departamento, al final de la primera semana fue a buscar sus cartas y se dio cuenta que uno de sus vecinos era Franco Fabrido.

Un encuentro horrífico sucedía todas las semanas, él iba a su departamento con la misma pregunta ¿Tienes sal? Ella siempre le cerraba la puerta en la cara, pero esta vez ella se resistió de lastimarle el pie.

—Hay otras  personas viviendo en este edificio, estoy segura que encontraras a alguien con sal.

—Oh , vamos ,Vale, no puedes odiarme por siempre. Fue simplemente una broma de secundaria.

—Que ellas y tú planearon, termine en la enfermería, tuve que cortarme el pelo.

—No ,no, ellas escucharon nuestra conversación y fueron allí , yo no tuve nada que ver.

Valeria trato de leer su rostro, sus ojos verdes, esperando encontrar una pizca de malicia pero al no encontrarla termino de abrir la puerta invitándolo a pasar.

Grave error.

Franco dejo caer el salero de plástico al suelo y empujó la chica contra la pared más próxima, atrapando las manos de ella  y poniéndolas sobre su cabeza.

—¿Pero qué mierda? ¡Aléjate!—Chilló ella,  pateándolo, pero él evitó cada golpe con una sonrisa.

—Hace meses que espero que me des una oportunidad y no voy a desperdiciarla.

—¿Oportunidad? ¿De qué hablas?

—Lo que dije es cierto, siempre me gustaste, vale.

—Pues yo te encuentro repulsivo—Dijo ella entre risas, al fin logrando soltar sus manos, en cuanto noto que el agarre se soltó un poco, y lo empujo lejos de ella. La chica camino hacia la puerta e hizo un gesto con la mano para que él se fuera.

—Pero cariño, estábamos llegando a conocernos—Se quejó él con un puchero.

—Toma tu salero y vete de aquí, idiota.

—Está bien—Dijo él, para agacharse y tomar su salero, pero cuando estaba a punto de cruzar la puerta , en un movimiento rápido tomo del cuello a la chica y unió los labios de ambos un segundo, fue solo eso, un roce para luego salir corriendo por los pasillos del edificio.

—¡Te odio!—Grito la chica, haciendo que varios vecinos salieran a ver qué pasaba.

—¡¿Qué miran?!—Gritó ella, entrando al departamento y cerrando la puerta de un portazo detrás de ella.

Noto que su celular estaba disparando una luz roja, señalando que había recibido un mensaje. Dio un par de zancadas hasta llegar a la mesa y desbloqueo su celular para ver que era un mensaje de Peter.

Peter:

Hola, cariño.

Inmediatamente ella respondió.

Valeria:

¿Cariño?

Peter:

Creí que nuestra relación había avanzado…

Valeria:

Puede ser, pero no estoy acostumbrada a que me llamen así.

Peter:

Acostúmbrate, cariño, ¿O tienes otro nombre mejor en mente?

Peter:

¿Caramelo?

Peter:

¿Preciosa?

Peter:

¿Princesa?

Valeria:

Basta, basta, me da igual cómo me llames.

Peter:

Creo que te llamare princesa.

Valeria:

Okay👀

Peter:

Princesa, me gustaría llevarte a tomar un café,  ¿Qué te parece?

Valeria mordió su labio inferior, mirando la pantalla de su celular y luego la puerta de su departamento. La memoria de los labios de Franco fresca en su mente, atormentándola, necesitaba borrarlo de su mente.

Valeria:

Claro, ¿Qué día puedes?

Peter escribía y escribía, sin mandar un mensaje. Poniéndola más nerviosa ¿Acaso se había arrepentido? Valeria no encontraba ningún motivo para que él estuviera interesado en ella románticamente. Asustada de que este se arrepintiera, corrió por el departamento hasta llegar a su oficina, la computadora ya estaba encendida, se sentó frente a ella y escribió apresuradamente.

Peter Oro envio el siguiente mensaje a Valeria:

Peter:

Cuando quieras, princesa.

Inmediatamente un ¡Ping! Sonó, ella desbloqueo el teléfono y allí se encontraba el mismo mensaje que había escrito en Word. Ella respondió en el acto.

Valeria:

¿Mañana a las 6 pm? Podemos ir juntos desde el trabajo, a un café que está cerca de allí, es muy bueno.

Peter:

Lo que mi princesa ordene👸

Valeria cerró el chat, y abrió el de su mejor amigo y ella. Y escribió el siguiente mensaje.

Valeria:

VEN A MI DEPARTAMENTO, AHORA.

Gustavo:

Estaba en la mejor parte de una peli porno.

Valeria:

SACA TU MANO DE TU PENE Y VENTE AHORA.

Gustavo:

Estaba a punto de “Venirme” 😉

Valeria:

Dios mío, no sé porque somos amigos.

Luego de unos minutos su amigo respondió.

Gustavo:

Porque ya me subí los pantalones y estoy en el auto.

Valeria:

Te amo.

Veinte minutos después el timbre de su departamento sonó  y ella abrió la puerta para lanzarse a los brazos de su amigo, quien beso su frente y acaricio su espalda.

—Tranquila, dime que sucede—Pidió él, entrando al departamento y llevando de la mano a su amiga al sillón de la sala.

—No me siento cómoda  usando esta magia, o como quieras llamarle, a mi beneficio.

—¿Qué hiciste?

—Él no concretaba una fecha para nuestra cita, quizás se arrepintió, y yo lo obligue a decidir.

—Amiga, si yo fuera tú, ya me habría acostado con él y armado mi propio kamasutra. No tienes nada de que sentirte culpable.

—Oh, Gustavo, no es momento de bromas—Dijo ella, parándose del asiento y caminando como un león enjaulado por la sala.

—¿Quién dice que estoy bromeando?

Ella sollozo y se dejó caer al suelo, luego de rodar sus ojos su amigo se levantó del sillón , y se arrodillo junto a ella, para tomarla de las manos y mirarla con dulzura.

—¿Volverás a escribir lo que él hará?

—No—Respondió ella, mirándolo entre lágrimas.

—Entonces iras mañana a esa cita y dejaras que todo fluya como debe ser. No te tortures más con cosas que no puedes cambiar, ¿Esta claro?

—Okay—Respondió ella, su amigo limpio sus lágrimas y la abrazo.

Todo estaba decidido.

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Writing about you.

 

Sinopsis:

¿Qué harías si tu chico perfecto existiera? Si el chico con el que soñaste y del que escribiste aparece en tu vida.

¿Existe el amor que soñamos? ¿Qué sucede cuando la línea entre la fantasía y la realidad se elimina?

Valeria está por descubrir que no todo lo que escribe es solo fantasía, sobre todo cuando se trata de amor. Peter, su chico perfecto, puede ser su salvación o su perdición. No hay punto intermedio.

Portada:

writing about you 2

Personajes:

Valeria Pérez:

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Gustavo  Torres:

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Patricia Pérez :

giphy (9)

Peter Anderson :

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Franco Fabrido:

giphy (13)

 

¿Qué esperas para leerla?

 

Writing about you : Capítulo tres.

Lo interesante sobre trabajar en un periódico es que Valeria siempre había pensado que sería un lugar silencioso. Donde nadie hablaría salvo sobre  de lo que escribían, y que de vez en cuando el periodista en jefe saldría a ver cómo iba a todo.

Estaba más que equivocada.

Los teléfonos no paraban de sonar, casi como una orquesta sin fin, todos los periodistas y fotógrafos se gritaban entre sí, confirmando noticias de último momento. Había una gran pizarra en medio de los cubículos de los periodistas cada tanto alguien corría a pegar un post-it que indicaba que noticia saldría en primera plana.

Valeria estaba enroscada en el relato que el jefe ya le había  devuelto con las correcciones a hacer, ella no estaba de acuerdo en nada, le había dado el cuento perfecto, ¿Qué más quería de ella?

En medio de sus pensamientos escucho lo siguiente.

—¡Ramiro, pásame una lapicera!

—¡Okay!

Entonces dicha lapicera golpeo la cabeza de la castaña haciendo que se levantara indignada para ver a sus compañeros que habían salido corriendo de la escena dejando la lapicera tirada en el suelo.

—¡Idiotas!—Gritó ella, pero en medio del bullicio parecía mas un susurro.

Iba a volver a concentrarse en el documento de Word, pero entonces vio a Renata hablando con Peter al lado del dispenser de agua. Él tenía su brazo izquierdo apoyado sobre el dispenser, y a todo lo que él decía ella tapaba su boca riendo con un ligero sonrojo en su rostro.

—Al final si eras el típico niño bonito que va por la rubia bonita—Murmuró ella, sintiendo como algo en su pecho se removía.

Volvió su mirada al documento de Word, y una sonrisa gatuna se dibujó en su rostro pálido, volvió a echar una mirada hacia la pareja y al ver que seguían allí movió sus manos como un rayo sobre el teclado de la laptop.

        Peter movió su mano hacia el rostro de Renata, dándole una pequeña y tierna caricia a la mejilla de ella. Pero entonces el dispenser sobre el que él estaba apoyado se descompuso lanzando una cascada de agua que mancho los pantalones del chico.

Al ver esta escena todos los de la oficina se giraron a verle y partieron en risas.

Cuando alejo las manos de su teclado escucho el chillido de Wexler, y el sonido de agua escapándose del dispenser. Se levantó de su asiento para partir en carcajadas al ver los jeans azules del rubio mojados justo en el área de los genitales y a Renata que ya había superado el susto riéndose al mismo tiempo que todos los periodistas de la oficina.

Cuando su risa paro , las de los demás continuaron , vio el sonrojo que ataco el rostro del rubio, y sintió culpa. Se movió del cubículo tomando la toalla que siempre llevaba en su cartera y corrió al rescate.

Renata la miro con odio al ver como  ella estiraba su mano dándole la toalla a Peter que inmediatamente se giró evitando la mirada de todos  y empezó a secarse.  Valeria se giró dándole una mirada con ponzoña a todos sus compañeros que tosieron incomodos y volvieron a gritonearse entre todos volviendo a sus trabajos.

—Peter me invito a tomar un café después del trabajo—Comentó la rubia con una sonrisa de oreja a oreja.

—Ah que bueno—Respondió Valeria, tratando de luchar contra el sentimiento de envidia que corría por sus venas como una enfermedad terminal.

—¿Quieres venir?—Preguntó el chico que se había girado, Vale no pudo evitar mirar su entrepierna y notar que la mancha de agua no tenía remedio.  Por culpa negó con la cabeza y le dijo al rubio que se quedara con la toalla.

Pero mientras caminaba a su cubículo no pudo evitar volver a girarse y ver como ellos dos seguían conversando animadamente, y Renata tomaba la toalla de la mano de Peter y trataba de secar la mancha. En ese momento el pie derecho de la castaña se enredó con los cables de uno de los teléfonos fijos y callo de cara al suelo. En el proceso se escuchó un:

CRACK.

Un aire toco las nalgas de Valeria, haciendo que ella tocara las mismas para sentir la tela de sus panties y no la textura  algo áspera de su falda azul de trabajo. Entonces las chicas de las oficinas empezaron a reírse a carcajadas mientras los varones silbaban  haciendo que la chica tapara con ambas manos su trasero mientras corría a su cubículo para sentarse en la silla y bajarla hasta el suelo para esconderse de todos.

Una de sus compañeras se apiado de ella y le tiro unos pantalones de gimnasia sin dejar de hablar por teléfono  y sin mirarla a la cara.

—Gracias—Dijo Valeria avergonzada, pero su compañera hizo un gesto con su mano mientras miraba al baño de mujeres para luego volver a hablar con su fuente por  uno de los teléfonos fijos de la oficina.

Tapando su cola con su cartera, ignorando los silbidos, Valeria Pérez corrió hacia el baño de mujeres y se cambió.

**

—Explícame porque estoy aquí—Pidió Gustavo quien estaba apoyado contra la silla negra de madera del restaurante, había pedido un helado de frutilla que estaba tardando demasiado en llegar haciendo que su paciencia se redujera a menos uno.

—Porque sientes pena por mí—Respondió  la castaña que se había negado a soltar el menú del local tapando su rostro.

—Te dije que esos cinco kilos demás hacían que la falda te quedara mal, pero te ofendiste y no me escuchaste, yo soy tu Dios y no escuchas mis advertencias, hija mía.

—Como sea, estas aquí porque sientes pena , porque Peter y Renata estarán aquí.

—Ah, cierto, tu boytoy.

La castaña no le respondió simplemente piso su pie con fuerza, haciendo que el chico intentara patearla de vuelta pero terminara pegándole a la mesa y lastimando su pie más. Él se hizo bolita en la silla del dolor.

Valeria se giró para simular inocencia , que no entendía que le pasaba a su amigo, y entonces vio como Peter le corría la silla a Renata para que ella se sentara frente a la mesa redonda del restaurante. Estaban a unos metros detrás de Gustavo y ella.

—¡Aquí están!—Chilló la castaña, haciendo que Gustavo dejara de quejarse del dolor y se levantara un poco de su asiento para ver a  la pareja. Él hizo una cara de disgusto al verlos.

—¿Quién le dijo a Renata que el rosa y el naranja quedaban bien?

—¿En eso te fijas?—Preguntó su amiga desesperada.

—Él está muy guapo tienes buen gusto, amiga.

—Tenemos que hacer algo para que esa cita  vaya mal.

—¿Por qué no escribes y haces que todo vaya mal?

—Ya hice eso esta mañana y solo lastime a Peter.

—Amiga, hacer que se le marque el pene no es nada malo, le haces un favor al mundo—Dijo Gustavo levantando sus cejas de forma sugestiva.

Sonrojada, Valeria volvió a patearlo haciendo que él pegara un grito bastante femenino llamando la atención de algunas personas  que estaban sentadas en otras mesas alrededor.

—Dime lo que ves—Ordenó Valeria, ya que ella estaba dándole la espalda a Peter y Renata.

—Están hablando, él no parece muy contento, ella está tocándole la mano pero él no responde el gesto.

—Mierda, mierda,mierda—Murmuraba la chica sintiendo como el monstruo de los celos parecía estar a punto de escaparse de su boca.

Entonces llego el mozo con las ordenes de ambos, la  escritora se obligó a sonreírle y decirle gracias antes de que este se fuera. Gustavo siguió hablando.

—Espera, ella está moviendo su pie por la pierna de él, ¿Le estará tocando la serpiente de dos ojos?

—¡¿Qué?!—Gritó Valeria levantándose de su asiento ,  girándose para ver a la pareja pero entonces ella escucho el sonido de vidrio rompiéndose y sintió algo caliente manchar los jeans ; que se había puesto antes de buscar a Gustavo y venir al restaurante.

Miro al suelo para ver el submarino que había pedido tirado en el suelo y la chocolatada esparcida por sus jeans.

—¿Valeria?—Preguntó Peter, haciendo que ella levantara su vista y se encontrara con los ojos azules de él.

—Creo que esta es la parte en la que corres—Murmuró Gustavo que tenía los ojos como los de un venado que había sido encarrilado por un auto.

En el segundo siguiente Valeria Pérez hizo justo eso, corrió la silla y salió corriendo lo más rápido que pudo del restaurante sintiendo los pasos de Peter detrás de ella. Empujando a las personas que aparecían en su camino, y saltando botes de basura. Ella fue lo suficientemente exitosa en su escape hasta que se dio vuelta para mirar a Peter que había quedado atrás y no vio la pelota de goma de un niño que jugaba por allí . Cayó al suelo casi de cara si no fuera porque puso sus manos contra el suelo evitando que su rostro chocara contra el cemento.

Alguien la agarro de la cintura ayudándola a levantarse, y ella estaba demasiado distraída viendo sus manos raspadas para reconocer el rostro de Peter, así que simplemente murmuro un :—Gracias.

—¿Me puedes explicar que hacías ahí?— Preguntó el chico tomando las manos de la chica, inspeccionándolas, ella levanto la mirada y se sonrojo al encontrarse con el lunar cerca de la boca del chico.

“Deja de pensar en esas cosas “Se dijo, tosiendo y alejando sus manos de las de él.

—Es un lugar público, puedo estar ahí sí quiero—Respondió ella automáticamente.

—¿Estabas celosa?—Preguntó él, acercándose unos centímetros con una sonrisa de costado y sus ojos brillando con picardía. Una de sus manos se posó en la cintura de la chica quien vio la acción horrorizada, y lo empujo, retrocediendo ella unos pasos en el proceso.

—¿En serio te crees tan importante?

—Creo que ya soy parte de tu vida, ¿No es eso ser importante?—Pregunto él al final, acercándose de nuevo como un león acercándose a una gacela en medio de la pradera de África.

Ella volvió a retroceder esta vez poniendo  una de sus manos en el pecho del chico, creando una distancia entre ambos.

—No entiendo que es lo que quieres— Dijo él alejándose de ella unos pasos más posando su mano en su cabello rubio.

—Nada ¡Nada!—Chilló Valeria sintiendo como el sonrojo subía por su rostro.

—Okay, Valeria—Peter paso al lado de ella y siguió su camino hacia el restaurante de vuelta.

—Espera…espera—Dijo ella tomando la mano de él, pero en el momento en que lo hizo se arrepintió y la solto.

Peter no dijo nada,  su rostro curioso con una ceja levantada.

—Perdóname, estaba celosa—Admitió ella , escapando de los ojos del muchacho.

—Te invite, Vale, dijiste que no—Dijo él, ella lanzo un suspiro.

—¡Invitaste a Érica!

—Okay, la próxima vez te invitare a ti solamente—Respondió  con una sonrisa. Pero la respuesta de ella lo dejo pasmado.

—¿Quién dice que quiero salir contigo?

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Writing about you: Capítulo dos.

Poco a poco su mente regreso, y sus ojos se abrieron. Lo primero que vio fueron los ojos miel de Peter, y por un momento creyó que estaba alucinando de nuevo en el baño, y de la impresión se había caído contra el borde de su bañera. Pero vio a Gustavo preocupado detrás de Peter y recordó todo lo que había sucedido.

“Peter es real.”

“Peter es real” Pensó asustada sintiendo como sus labios temblaban.

—Cariño, respira lentamente, ¿Si? Inhala…exhala—Indicó el rubio con una sonrisa amable en su rostro. Ella siguió sus indicaciones, evitando mirarlo a los ojos pero en consecuencia concentrándose en sus labios que estaban peligrosamente cerca.

—Esto bien—Dijo ella posando su mano en el pecho del rubio obligándolo a alejarse y levantándose al mismo tiempo. Todo daba vueltas así que se apoyó contra la barra un segundo, llamando la atención de su amigo quien se le acerco agitando un menú del bar para darle aire.

—¿Estas segura?—Preguntó Peter, con sus cejas casi juntas de la preocupación.

—Creo que quiere saber tu nombre completo—Acotó el amigo de la castaña, logrando que ella le golpeara las costillas con el codo—Auuch.

—Peter Oro , mi madre es británica pero mi padre es de acá, se dividieron la tarea de darme el nombre—Explicó él con un ligero sonrojo en sus mejillas, como si hubiera pasado por esta situación un millón de veces, y se le hubieran reído en la cara la mitad de aquellas ocasiones. Pero la reacción que obtuvo de Valeria lo dejo anonadado, en vez de reírsele en la cara ella empalideció cada vez más, y tapo su boca como si estuviera a punto de vomitar.

—Creo que hay que llamar una ambulancia—Gustavo dejo de mover el menú y le hizo una seña al mozo para que siguiera su indicación, quien asintió y tomo el teléfono a cordón para marcar el número de emergencias.

—¡Estoy bien! Solo quiero irme a casa—Exigió la chica, para tomar su cartera y empujar al chico Oro de su camino pero este la detuvo enredando las manos de ambos, ella hubiera roto el contacto si no hubiera sentido la textura del papel en medio de ambas pieles. Él la soltó con una sonrisa brillante que hizo que el corazón de ella dejara de latir por unos segundos y luego se perdió en medio de la gente.

—Es la versión rubia de Luis Miguel cuando era joven—Murmuró Gustavo contra su oído, haciendo que la chica saliera de sus sueños y siguiera su camino hacia afuera del pub.

Una vez fuera el aire frio choco contra sus huesos, quebrándolos y uniéndolos al mismo tiempo. Era una sensación extraña pero la aparto un par de segundos lejos de Peter Oro, pero entonces su amigo  tuvo que abrir su enorme bocota.

—Peter Oro, ¿Sera familiar de Julián?

—Deberíamos llamar a un taxi—Valeria camino unos pasos hacia adelante y extendió su brazo hacia la calle tratando de parar los taxis que pasaban frente a ella dándole la espalda.

—Valeria, ¿En serio vas a pretender que eso no sucedió? Porque fue muy genial, es decir un chico guapo te  sostuvo en brazos mientras tú estabas inconsciente, hablándote y acariciándote el rostro! LOS CHICOS GUAPOS NO NOS DAN BOLA¡ (1)

—No era tan guapo—Se mintió la chica, evitando los ojos del chico que parecían estar a punto de salirse de sus cuencas.

—¡Era más que guapo! ¡Es como si todos los 5 con los que saliste se juntaran para crear un 20!

—Te dije que dejaras de puntuar chicos, es asqueroso.

—Una escena de película acaba de suceder en nuestras aburridas y mundanas vidas y tú quieres hacer como si no pasó nada.

—No me gusta Cazadores de Sombras.

—Listo, no podemos ser amigos—Indignado Gustavo se paró al lado de ella y  puso sus dedos alrededor de su boca para silbar llamando la atención de un taxi que paro enfrente de ambos.

—Gus—Dijo ella, tomando el brazo de su amigo, quien la miro con una ceja levantada y los labios en una línea recta— Perdóname, pero cuando te cuente lo que en realidad sucedió no me creerás.

—Oh my fucking god,¿ Ya lo conocías  verdad?—La emoción en la voz de su amigo hizo que por primera vez ella sonriera en toda la noche.

—¡¿Van a subirse o no?!—Gritó el chofer.

—Vete a chupar mandarinas, mundano—Grito el  castaño para luego cerrar de un portazo el taxi quien arranco dejándolos en una nube de humo —No sé para querías tomar taxi si no estoy tan borracho como para no manejar.

—Yo manejo—Decidió ella.

—Pero me contaras todo mientras lo haces—Exigió él.

Ella asintió. Antes de seguir caminando abrió su mano y leyó lo que decía la nota en su mano.

381———

Llámame, mi bella durmiente,

Peter Oro.

**

—Ósea—Gustavo rio antes de continuar— Estas diciendo que tú creaste a Peter en una de tus historias.

—Solo escribí sobre mi chico perfecto, no era una historia.

—En serio no tomaste vodka en el bar, ¿Verdad?

—Sabía que no me creerías—Dijo Valera antes de levantarse con las tazas de café y caminar hacia la cocina de su departamento.

—No, no, espera—Su amigo corrió detrás de ella, y la abrazo por detrás  para apoyar su cabeza en el hombro de ella—¿Qué tal si hacemos una prueba?

—¿De qué hablas?

—Escribe algo, y veremos si sucede.

Valeria dejo de lavar las tazas de café y miro a través de la ventana de la cocina. Observo una pareja del edifico del frente que estaban bailando lentamente al ritmo de una canción de Bruno Mars. Por un momento fue como si ella estuviera allí, bailando junto a Peter creando todos los sueños que alguna vez tuvo respecto a los hombres y que se juró nunca más creer. Pestañeo varias veces para luego decir:—Esto va a ser un error.

—Solo hay una forma de saberlo— Gustavo tomó la mano de su amiga y la guío hasta la  oficina de ella. Una vez dentro   ella prendió la laptop y puso su contraseña.

Pero fue Gustavo quien abrió un documento nuevo de Word, y  la obligo a sentirse frente a la laptop.  Inmediatamente las voces sonaron en su cabeza, volviendo todo una tormenta y el mar de su cerebro oscuro.

¿Queremos que venga? Él vendría a vernos

¿Qué nos diría? Seguro él diría que…

Él nos ama, estoy segura que el diría que…

…No, es demasiado pronto, no es amor…

Pero si él estuviera aquí seguro diría que…

—¿Le diste tu numero?—Preguntó Gustavo haciendo que el mar de su mente se aclarara de repente.

—No, pero el me dio el suyo en esta nota—Respondió ella luego de unos segundos, pasándole la nota que ahora tenía el sudor de sus manos ya que se había negado a soltarla.

—Vamos a cambiar eso—El chico tomo el celular de su amiga, y abrió whatsapp.

Valeria:

¡Hola! Peter, este es mi número 😘

—¿Era necesario el emoji del beso?

—Vale, eso no importa, ahora vas a escribir lo que él responderá, y si el rubio hermoso responde exactamente eso, significa que eres la bruja de las escritoras y podrás empezar tu coven.

—Cállate, idiota.

—Tú solo escribe.

Refunfuñando ella miro la pantalla  y dejo que las voces tomaran su mente.

¿Qué diría…? ¿Qué diría?

Él está interesado, quiere dejar claras sus intenciones…

Hola como estas no es suficiente…

Él no es como los otros chicos…Él diría…

Peter oro tomo su celular y al leer el mensaje de Valeria escribió lo siguiente:

¡Hola, princesa! ¿Cómo estás? 😍😊

Un segundo.

Dos segundos.

Tres segundos.

Y  el Ping! De whatsapp sonó y antes de que ella pudiera tomar el celular su amigo se adelantó y desbloqueo el teléfono para leer el mensaje. Los ojos del rostro redondo de Gustavo parecieron estar a punto de explotar,  su boca se abrió y cerró como la de un pez. Luego pareció tranquilizarse y dejo el celular en el escritorio. Valeria miro la pantalla.

Peter Oro:

¡Hola, princesa! ¿Cómo estás? 😍😊

Valeria se alejó de la computadora moviendo su silla hacia atrás, y tapo su cara sintiendo que la habitación daba vueltas. Al verla angustiada su amigo dijo lo primero que vino a su cabeza.

—Si te pones a pensarlo, no es algo tan malo.

Valeria corrió las manos de su cara y lo miro como si dos cuernos hubieran salido de la cabeza su amigo.

Valeria se negó a hablar sobre el tema el resto de la noche, sin importar cuanto Gustavo insistiera diciendo que podría usar este nuevo “poder “a su favor en todas las formas  imaginables. Ella rechazaba su insistencia amenazándolo con el cuchillo de la cocina, y disparándole con el rociador de agua que usaba para regar sus cactus.

***

La mente de Valeria le repetía una y otra vez el mismo recuerdo de aquella mañana. Era como una película mala que no podía dejar de darle play en su mente,  a pesar de que  había roto el DVD un millón de veces.

La balanza la miraba con una mirada acusatoria, sus números  habían sido lanzados como dagas hacia el corazón de la chica, como un acto de magia macabro que apuntaba con lastimarla pero no lo hacía físicamente.

75 kilogramos.

“Cinco kilos de más.” La imagen se  oscurecía y aclaraba una y otra vez en su mente.

—Oh, Vale, ¿Por qué tienes esa mala cara?—Preguntó una voz chillona haciendo que la nombrada  levantara la mirada de la carpeta que contenía el relato que tenía que entregar en una hora al editor en jefe del diario, para encontrarse con Renata Wexler.

Valeria odiaba a Renata, pero en su favor tenía que decir que había intentado  ser su amiga, realmente lo había intentado. Pero simplemente era imposible, Renata era una supermodelo con alma de demonio. Si es que eso era posible. Cabello rubio hasta la cintura, ojos azules que de lejos parecen tiernos pero cuando te acercas encuentras que tienen un brillo de maldad que es capaz de destruirte. Piel perfecta, nariz recta, labios gruesos que la castaña estaba segura habían sido creados por un cirujano. Siempre vestía con ropa de marca, Gucci, para ser específicos, ropa que  ella decía con orgullo le traía su padre quien trabajaba en Los Angeles.

“Perra.” Pensó la chica antes de forzar una sonrisa en su rostro para decir:

—Hola, Renata, ¿Cómo estás?

—Muy bien, pero tu rostro no dice lo mismo, ¿Necesitas ayuda con el cuentito?

—No, el cuentito y yo estamos muy bien—Eso era algo más que Vale odiaba de Renata, para ella Valeria escribía “cuentitos”, como si eso  fuera ir a comprar unos caramelos para el jefe. La castaña iba a discutir con la rubia pero la segunda le gano.

—Ohhh, ¿Quién es él? Yummy— Luego de decir esto, Renata se apoyó contra el cubículo de la escritora, tapándola en el proceso,  y miro hacia su izquierda. Valeria miro hacia el mismo lado y trago en seco al ver al chico rubio de sus sueños hablando con el editor en jefe mientras caminaban hacia ellas.

—Peter Oro—Respondió la castaña sin darse cuenta.

—Ohhh, así que lo conoces—Antes de que la muchacha pudiera negarlo el nombrado llego al cubículo de ella.

—Hola, Vale—Saludo él con una encantadora sonrisa.

—¿Se conocen?—Pregunto el editor en jefe mirándolos sorprendidos.

—Sí—Dijo Peter inmediatamente, ignorando la mirada coqueta de Wexler.

—No—Dijo Valeria al mismo tiempo evitando la mirada de todos.

—Bueno,  no me importa, Peter es nuestro nuevo diseñador digital, así que trabajaras con él cada vez que publiquemos uno de tus relatos.

—¿Yo trabajare con Peter?—Preguntó Renata Wexler, mirando a Peter con una  mueca parecida a una sonrisa y extendiendo su mano para saludarlo  y decirle su nombre.

—Creo que es algo obvio, ya que eres una de nuestras fotógrafas, señorita Wexler—Como si estuviera cansado el editor en jefe se alejó de la escena sin decir siquiera adiós mientras sacaba el celular de su saco y lo apoyaba contra su oído como si estuviera hablando con alguien.

—Así que dime Peter Oro, ¿Qué tan bueno eres en lo que haces?— Preguntó la rubia, Peter la miro confuso y solo pudo responder.

—Creo que se defenderme en mi trabajo.

—Hmmm, me encantan las personas seguras.

—Vale, no sabía que trabajas aquí—Dijo Peter para alejarse de la rubia y entrar al cubículo de la castaña y sentarse en una de las sillas para estar a su altura.

Ofendida, Renata Wexler se alejó de ellos para correr detrás de su jefe.

—No creo habértelo dicho en ningún momento.

—Eso iba a preguntarte, ¿Por qué no respondiste mi mensaje?

—Gustavo, mi amigo, fue él que empezó esa conversación, así que ¿Para qué contestaría?

—Lo conozco  me dijo su nombre entero mientras yo intentaba que tomaras consciencia.

Ante el recuerdo de como se había desmayado al ver a Peter, la chica se sonrojo inevitablemente. Pero tosió forzándose a bajar el sonrojo de su rostro.

—No respondiste mi pregunta, ¿Por qué no me respondiste?

—Porque no estoy interesada en ningún hombre.

—Oh—Dijo él para luego levantarse de su asiento—Perdóname, yo asumí que a ti te gustaban los chicos, soy un idiota por asumirlo, no soy así de verdad…

—¡¿Qué?! No, no, me refiero  a-a que yo no estoy buscando novio, yo soy hetero, solo que no quiero novio en este momento de mi vida.

—Oh, okay—Dijo él para luego volver a sentarse de nuevo con su sonrisa ganadora.

—Pero, ¿Tampoco quieres amigos?

Esta vez fue el turno de ella para sonreírle.

—No creo en la amistad entre el hombre y la mujer.

—Te enamoraste de uno de tus  amigos ¿Verdad?

—Exactamente, además, solo soy amiga de personas extremadamente interesantes y extrañas.

—¿Me estás diciendo aburrido?

—Eres el típico niño bonito sin cerebro—Luego de decir esto  ella tomo su carpeta y se levantó de su asiento. Él la imito y se interpuso en su camino.

—No me conoces en lo más mínimo, quizás me gusta andar en patines de color arcoíris por el parque desnudo los domingos a la hora de la misa—Este comentario logro que la castaña riera con fuerza y lo mirara con sus ojos brillosos. Peter continúo hablando.

—Créeme, puedes encontrarme interesante si realmente te das la oportunidad  de conocerme, ¿Realmente no dejas entrar a nadie en tu vida sin prejuicios?—Mientras decía esto, él mordió su labio inferior por un segundo mostrando inseguridad, fue solo un segundo pero ella lo vio, era un gesto que quedo guardado en su mente y la ayudo a tomar la siguiente decisión.

—Está bien, pero quiero verte en patines este domingo.

—¿Es esa una excusa para verme desnudo?

El chico rio al ver el sonrojo que  nació desde la nariz de la chica y llego hasta la punta de sus orejas. Parecía estar a punto de desmayarse, de nuevo.

Si disfrutaron el segundo capítulo por favor comenten y denle like.

Notas:

  • Dar bola en Argentina significa dar atención o mostrar interés.

 

 

 

 

 

 

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