Honesta : Casi hermanas.

Honesta.

Casi hermanas.

Casi unidas por la sangre.

Casi unidas por el destino.

Casi unidas por los secretos.

Perdidas por los problemas.

 

Porque tú tienes tus problemas.

Porque tú tienes tus preocupaciones.

Muy diferentes a las que yo vivo.

Eso nos separara siempre.

 

Porque yo tengo mis problemas.

Porque yo tengo mis preocupaciones.

Muy diferentes a las que tú vives.

Eso nos separa para siempre.

 

No sabemos cómo encontrarnos.

No sabemos cómo relacionarnos.

Tenemos miedo de lastimarnos.

Así que nos ignoramos.

 

Y nos preguntamos.

Si en ese proceso.

Lastimamos a la otra.

Se que tienes otros amigos.

Que te entienden más que yo.

Y lo entiendo.

Y me alegro.

Porque quiero que estés bien.

Porque eres casi mi hermana.

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Honesta:Casi amores.

Honesta.

Casi amores.

No fuimos nada.

Pudimos serlo todo.

Es curioso.

Como el destino nos separa.

Y nos une cuando quiere.

 

Me pregunto si piensas en mí.

Pero se la respuesta.

Tus ojos ven otras mujeres.

Tus labios murmuran otros nombres.

 

Yo soy tu pasado.

Algo que no quieres recordar.

Algo que no quieres nombrar.

No llego a persona.

Soy una sombra.

 

Pero está bien.

Yo tampoco quiero verte.

Yo tampoco quiero pensarte.

Quiero que seas una sombra.

A la cual olvidare.

Para siempre.

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Writing about you: Capítulo nueve.

 

Valeria Pérez no podía creer lo protector que era Peter, luego de que él la dejara en la puerta de su departamento, el chico espero media hora para llamarla por teléfono.

—¿Estas segura que estas bien?—Pregunto él del otro lado de la línea.

—Sí, Peter, no te preocupes, no dejare que Julián me arruine la noche—Aseguró ella, mientras caminaba por su oficina.

—Hay algo que quería decirte, pero soy muy cobarde para decírtelo cara a cara—Admitió el muchacho, haciendo que el corazón de la chica se acelerara.

—¿Q-Que cosa?

Entonces el timbre del apartamento sonó con fuerza, haciendo que la chica saltara en el lugar.

—Tranquila, yo espero—Dijo Peter, Valeria podía imaginar la sonrisa con la que hablaba.

La castaña salió de la oficina con el celular en la mano, y camino hasta la puerta para sacar el seguro y abrirla. Encontrandose con el rostro moreno de Julián.

—¿Julián? ¿Qué haces aquí?— Dijo ella olvidando que la llamada con Peter seguía en pie.

—Solo quería hablar contigo, sin el rubio ese metiéndose—Expreso el chico, con una sonrisa que ella antes habría encontrado encantadora, pero ahora solo la ponía incomoda.

Sin responder, Valeria puso el celular en su oído, iba a decirle a Peter que le hablaría después…pero él ya había cortado la llamada. Aún más nerviosa ella colgó la llamada también, y le hizo lugar a Julián para que pasara.

Una vez dentro, él entro como si recordara perfectamente el departamento y se sentó en uno de los sillones de la sala, ella vio todo con una ceja levantada pero se sentó enfrente de él.

—¿De qué quieres hablarme?—Preguntó la castaña.

—Sé que no terminamos en los mejores términos, pero quiero decirte que me arrepiento, quiero disculparme y empezar de nuevo. Sé que hay una conexión entre nosotros, ¿Tú no la sientes?

—Julián, no terminamos en buenos términos porque no había empezado nada, salimos un par de veces, nos dimos un beso pero eso es todo. Admito que en su momento me dolió que te desaparecieras de la nada, pero ya lo supere, y espero que tú también lo hagas.

—Es por ese rubio, ¿Verdad?

—Ese rubio se llama Peter, y es más caballero que tú—Valeria sabía que era un golpe bajo, pero creía tener derecho a hacerlo.

—Así que por eso pasaste de intentar hablar conmigo a ignorarme.

—Se dieron vuelta los papeles, Julián, yo ya no te buscare nunca más. Porque ahora lo quiero a él—Julián asintió, sus ojos perdidos, parecía estar asimilando la información, pero luego de unos segundos se volvió a mirarla a ella.

—Solo piénsalo ¿sí?, no quiero que nos quedemos pensando en cómo podría haber sido nuestra relación—Valeria estaba por refutar las palabras de él, pero este  la detuvo con un gesto de su mano—Solo piensa en nosotros.

—Creo que deberías irte, estás perdiendo tu tiempo—Dijo Valeria, para luego levantarse y caminar hasta la puerta, él la siguió, pero cuando ella abrió la puerta el muchacho se inclinó y beso su mejilla. La muchacha no pudo evitar sonrojarse, y él sonrió al ver su reacción.

Cuando Julián salió, ella cerró la puerta de un portazo. Maldiciendo sus reacciones y su corazón.

Desbloqueo su celular, y abrió su chat con Peter. Él le había enviado un mensaje.

Peter:

Perdona, no quería escuchar la voz de ese tipo.

Valeria:

No deberías sentirte amenazado por él, no es nadie importante.

Peter:

Sé que paso algo entre ustedes. Cualquiera se sentiría un poco celoso.

Valeria:

El tema es que no sucedió nada, Peter, Julián  fue una casi relación. Si es que eso existe.

Peter no respondió, ella se dejó caer en el sillón y cerro sus ojos. El recuerdo de Julián Oro consumió su mente.

—Eres muy linda, ¿Lo sabes?—Pregunto él, acercándose a ella hasta que sus narices se rozaron.

Julián Oro la había acompañado hasta la puerta de su casa, luego de una cita que parecía soñada, el moreno escuchaba todo lo que ella decía, no le importaba si hablaba mucho, pago la comida, y le compro un helado a la vuelta.

—Gracias—Respondió ella, pero a penas termino de hablar él elimino el espacio entre ambos con un beso.

Un beso que dejo a Valeria flotando todo el tiempo que estuvo en el ascensor llegando a su piso. Fue un beso tierno, casto, lleno de inocencia.

Pero entonces Julián Oro dejo de hablarle.

No respondía sus mensajes.

Y finalmente desapareció de su vida.

“Julián nunca fue ni será mi novio, no quiero que lo sea, quiero a Peter.” Pensó la chica para luego levantarse del sillón e ir a la cocina para prepararse algo para comer.

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Honesta : Alma rota.

Honesta.

Alma rota.

Dos cervezas.

Y no puedo olvidar este dolor.

¿Por qué soy asi?

Me rompo 3 veces en mil pedazos.

No sé qué hacer.

Nada ahoga este sentimiento.

 

Esta sensación de muerte.

De desapego.

De soledad.

¿Qué se supone que debo hacer?

El alcohol no me cura.

No me hace olvidar.

 

No puedo amar a nadie.

Porque nadie me ama.

No quiero ser así.

Quiero despertar.

Quiero morir.

Y renacer.

Quiero amar.

Y renacer.

 

Que se supone que debo hacer.

No lo sé.

Solo tomare otra cerveza.

Hasta olvidar.

Que estoy muriendo.

Que estoy viviendo a medias.

 

A mi alma le faltan sus alas.

Están rotas.

Cuando trato  de moverlas duele.

Estoy atada a la tierra.

Estoy muriendo.

Minuto a minuto.

 

No sé qué hacer para parar este dolor.

¿Acaso tengo que esperar a la muerte misma?

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Writing about you : Capítulo ocho.

 

Todos sus compañeros de trabajo estaban parados a su alrededor, en un círculo, parecían gigantes, a penas podía distinguir sus rostros. Pero por algún motivo sus voces sonaban claras como si estuvieran a su misma altura.

—¡Puta!

—¡Prostituta!

—¡Te entregaste por dinero!

—¡Sin vergüenza!

Ella entre lágrimas grito :—¡Juro que soy virgen!

Entonces despertó, estaba en el auto de Peter, él la miraba con los ojos como platos.

“Oh, creo que dije eso en voz alta.” Pensó avergonzada la chica, sintiendo como su rostro se enrojecía.

—¿Eres virgen por elección o…?—Preguntó el chico entre medio de carraspeos, evitando mirarla a los ojos.

—Em, hubo ofrecimientos, pero yo, es decir…

—No tienes que aclararlo—Dijo él avergonzado de su pregunta, encendió el auto tratando de distraerse pero ella respondió su pregunta.

—Mis padres me hicieron creer en el amor verdadero, y que el sexo  es una forma de expresar amor. No algo que se hace solo por placer físico. Sé que es tonto, que el sexo puede ser divertido, pero no creo ser capaz de hacerlo con un desconocido—Todo esto lo dijo mirando a través de la ventanilla del auto, viendo como mujeres, hombres y niños caminaban por la acera despreocupados. Ella se sentía a kilómetros de distancia de ellos.

—Eso es un hermoso pensamiento—Dijo el chico mirándola con una sonrisa amable.

Ella se giró a verle antes de preguntarle :—¿Tu eres virgen?

—No, perdí mi virginidad a los 16 con mi primera novia, estaba borracho , a penas recuerdo la mitad de lo que sucedió.

Valeria no dijo nada, al notar su incomodidad él tomo su mano y dijo :—Eso no significa que piense que todos deberían hacer lo mismo que yo, no me avergüenza haber perdido mi virginidad y no recordarlo, y a ti no debería avergonzarte  no  haber hecho lo mismo que yo. Cada uno elige su camino.

—Tienes razón—Dijo ella, posando su otra mano sobre la de él.

—Okay, creo que es hora de que tomemos un café así te despiertes, ¿Qué te parece?—Dijo él terminando el contacto para empezar a manejar por las calles, ella susurro un simple sí.

Pero entonces recordó porque Peter la había venido a buscar en un primer lugar y sintió como la bronca recorría su cuerpo.

—No puedo creer que Franco mintiera sobre eso, ahora todos piensan que soy una puta.

—No debería importarte lo que piensen los demás, tú sabes lo que hiciste o no hiciste, eso es lo que importa. Además, yo te creo, no servirá de mucho pero lo hago—Dijo él girándose un segundo para mirarla con firmeza un segundo.

—Gracias, Peter, por todo.

—No tienes que agradecer nada.

—No, me buscaste cuando te pedí que vinieras, no cualquiera lo haría.

El joven  no dijo nada, solo sostuvo la mano de la chica mientras manejaba.

**

Para su sorpresa, Peter Oro la llevo a una librería. Estaba casi vacía, los pisos alfombrados perfectamente limpios,  los libreros organizados según género y al final un barcito .

Caminaron hasta el bar, ella se sentó mientras Peter hacia el pedido, pero antes de volver a la mesa, el rubio tomo un libro de uno de los libreros.

Se sentó enfrente de ella y le paso el libro.

—Romeo y Julieta—Leyó ella en voz alta. Sintió un calor expandirse por su pecho, ese era su libro favorito, ¿Cómo podría él haberlo adivinado? Miro a Peter, quien le sonrió.

—Creí que podríamos leerlo juntos—Propuso él, ella sintió para abrir  el libro, y leer  el primer párrafo en voz alta.

En la hermosa Verona, donde colocamos nuestra escena, dos familias de igual nobleza, arrastradas por antiguos odios, se entregan a nuevas turbulencias, en que la sangre patricia mancha las patricias manos. De la raza fatal de estos dos enemigos vino al mundo, con hado funesto, una pareja amante, cuya infeliz, lastimosa ruina llevara también a la tumba las disensiones de sus parientes. El terrible episodio de su fatídico amor, la persistencia del encono de sus allegados al que sólo es capaz de poner término la extinción de su descendencia, va a ser durante las siguientes dos horas el asunto de nuestra representación. Si nos prestáis atento oído, lo que falte aquí tratará de suplirlo nuestro esfuerzo.

Valeria Pérez paro de leer para ver si él la escuchaba, el rubio tenía sus ojos cerrados como si estuviera comiendo un delicioso pastel, ella siguió leyendo la obra con una sonrisa.

**

Peter se estaba enamorando, podía sentirlo en la forma en la que la voz de Valeria lo calmaba. Como su voz incendiaba su pecho quemando todos los amores de su pasado, para plantar uno nuevo en su corazón.

Había dejado de prestar atención a lo que leía, y solo escuchaba el timbre de su voz, con cada párrafo que leía se acercaba cada vez más a ella, hasta que sus hombros se rozaban. Y cuando Valeria paro de leer y lo miro a los ojos, él elimino la distancia entre ambos con un beso.

Ella se quedó helada en el lugar en un primer momento, pero luego cerro sus ojos y amplio el beso. Rodeando su cuello con sus brazos, y él enredo sus manos en el cabello de la chica.

Era el beso perfecto, el primer beso de amor puro de Valeria, si se había besado con Peter antes pero sabía que nadie ni nada lograría superar el  contacto que compartían ahora. Quizás eran las palabras románticas de William Shakespeare que habrían logrado ese efecto, no importaba. Quedaría grabado en su corazón hasta el final de su vida.

Pero entonces un grito hizo que ambos se separaran, y Valeria se preguntó si todos sus besos con Peter serian interrumpidos con un beso, pero esta vez no era Franco quien gritaba, sino Julián. Bueno Franco estaba detrás de Julián, él siempre estaba presente en sus besos de una forma u otra.

—¡¿En serio elegirás a este rubio idiota?!—Preguntó Julián.

—Serás descarado—Empezó Valeria, alejándose de Peter para enfrentarse a Julián cara a cara—Vos dijiste que no querías nada conmigo.

—Quizás cambie de opinión—Admitió el moreno, y detrás de él,  Franco se tapó la cara.

—Es demasiado tarde, Julián, ya no sos mi chico perfecto—Luego de que la castaña dijera esto, Peter la tomo de la mano haciendo que dejara de mirar al moreno, y le hablo.

—Pagare la cuenta y podremos irnos de aquí—Ella le sonrió viendo cómo se alejaba hasta la barra donde todos los mozos estaban preparando las bandejas. Valeria Pérez se giró a mirar  los dos chicos que pretendan robar su corazón, y les hablo con dureza.

—No sé qué se les paso por la cabeza a ustedes para seguirme hasta aquí, pero están perdiendo su tiempo. Franco, nunca me gustaste, y tu Julián, la verdad es que mi corazón ya no te pertenece.

—¿Vamos?—Preguntó Peter que ya había regresado.

Ella enredo su mano con la del rubio, y la siguió hasta fuera de la librería.

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Dear Daddy. Capítulo final: Versión B.

Dear Daddy.

Capítulo final: Versión B.

Happy with my daddy.

Morena lo guió hasta la sala de la casa y Juan Pablo se sentó en el sillón observando de reojo como ella cerraba las puertas de la sala para que Luna no los escuchara.

Finalmente ella se sentó delante del hombre.

—Dime de que quieres hablar— Pidió la mujer.

—Yo amo a su hija— Empezó el castaño.

—Oh, vamos, no me vengas con esa mierda. Cuando camino por la calle veo como los hombres como tú ven a Luna. Como si fuera un pedazo de carne, eso es lo que usted quiere. Llevarla a la cama, que  ya hizo, aprovechándose de lo romántica e inocente que ella es. Sé que esto para usted pasará, pero ella quedará marcada para siempre.

Juan Pablo ignoro lo que ella dijo cerrando sus ojos por un momento y siguió hablando.

— La amo en cuerpo y alma, al principio era atracción física, pero me enamore de como es, de su inocencia, de su picardía, de sus pucheros. De sus sueños, ella no quiere quedarse aquí, señora Camaro, prisionera de su amor. Ella quiere volar, y yo quiero volar con ella.

— Señor Adesto—Dijo Morena, mirando al hombre con seriedad—Leí el diario de mi hija, se todo lo que hay que saber sobre la relación entre ambos. Se perfectamente que usted en su mente enferma llega al orgasmo pensando que es una niñita indefensa de la cual usted es el padre. Ella busca en usted un padre, pero ya lo tuvo y no fue un buen hombre, está muerto. Y usted también morirá si no se sale de mi camino. Pero ese no es el punto. El punto es que, usted está enfermo ¿No considero eso? ¿Que pasara cuando ella crezca? Buscaras en otras mujeres lo que ella tiene ahora, juventud e inocencia. No la amas, amas su juventud.

—¿Quién es usted para decidir lo que su hija y yo sentimos? Ella sabe lo hace al enamorarse de mí, y yo sé que la amo honesta y decentemente. Luna ya es mayor de edad, es su decisión si quiere irse conmigo.

—¿Qué estas insinuando?—Preguntó Morena, nerviosa, mirándolo con los ojos bien abiertos.

Juan Pablo no respondió , simplemente salió de la sala y subió las escaleras de a dos escalones a la vez, hasta llegar a la habitación de su pequeña, quien como si pudiera sentir su presencia abrió la puerta y salto a sus brazos. El hombre la levanto y la llevo adentro de la habitación, con un brazo estirado cerró la puerta con seguro, y cuando estuvieron solos la beso con fuerza.

Cuando se separaron, él la bajo y puso sus manos en su rostro para que ella no tuviera otra opción más que mirarlo a los ojos.

—Escúchame, pequeña, ¿Quieres irte conmigo?

Luna sonrió antes de responder :—Sí, quiero— Ella elimino la distancia entre ambos de nuevo, besándolo castamente, para luego correr a su armario y sacar su maleta de uno de los estantes de arriba.

En silencio, ignorando los gritos de Morena desde afuera de la habitación, el  hombre la ayudo a juntar su mejor ropa y meterlas en la pequeña maleta. Que requirió que juan pablo se sentara sobre la misma  para que al fin se cerrara. Pero cuando llego el momento de salir de la habitación, y los gritos de Morena continuaban, Luna miro asustada a su pareja. Él estrecho su mano con fuerza, como si así pudiera darle algo de fortaleza.

El castaño tomo la maleta con una mano, le indico  a la pequeña que se pusiera detrás de él, ella se aferró a su saco, y Juan Pablo abrió la puerta. Morena estaba roja de furia pero al ver la maleta empalideció.

—Luna, por favor no me hagas esto—Pidió la mujer adulta entre lágrimas.

Juan pablo paso delante de ella con rapidez, Luna seguía agarrada de su saco, y evitaba mirar a su madre. Aunque parecía afectada por su ruego que seguía repitiéndose como un cassette roto. Cuando llegaron a la puerta Morena se plantó  al final de las escaleras y grito :—¡Si te vas no tendrás un hogar al que volver!

—Algún día me entenderás, mamá—Dijo Luna, girándose por primera vez al verla , unas lágrimas gruesas caían por sus mejillas. Pero fue ella la que abrió la puerta, el hombre se había quedado helado ante la amenaza de la madre. Y fue Luna la que tiro de la mano de Juan Pablo para que salieran de la casa.

Una vez fuera ambos corrieron hacia el auto descapotable del castaño, el guardo la maleta en la cajuela, y ayudo a su pequeña a que se sentara en el asiento de copiloto, asegurándose de abrochar el cinturón.

Una vez que se sentó frente al volante, miro con una sonrisa a Luna, quien había limpiado sus lágrimas, él se inclinó para besarla, y ella respondió el beso con la misma intensidad. Era un beso extraño, esta vez no se estaban despidiendo, prometiéndose verse pronto. Este era un beso dulce con sabor a promesa, de un futuro que era incierto pero era hermoso ya que estarían juntos.

Cuando se separaron él acaricio su cabello corriéndolo de su rostro, y beso su frente, para volver a su lugar y encender el auto.

Un año después.

No fue fácil, decir que lo fue sería una gran mentira. Luna Camaro había tenido que aprender a ser independiente, en una ciudad nueva donde nadie la conocía, donde solo Juan Pablo pudo conseguir trabajo fácilmente.

Luna Camaro consiguió trabajo al año como secretaria para un dentista,  le ayudaba a pagar sus gastos sin tener que pedirle a Juan Pablo dinero. Eso era lo importante. Y en el proceso había hecho un par de amistades, que venían a visitarla a su casa los fines de semana.

Con el pasar de los tiempos habían creado una rutina en la casa.

Preparaban el desayuno juntos, él la dejaba en el dentista y se iba a trabajar, ella tomaba el colectivo para volver a casa. Preparaba la comida, la mesa, y se vestía esperando el regreso de Juan pablo.  Cuando él llegaba lo recibía con un beso.

Cuando terminaban de comer juntos, lavaba los platos y seguía limpiando la casa mientras él estaba en su oficina. Cuando su novio salía de la oficina siempre la buscaba alrededor de la casa, la mayoría de las veces encontrándola en el jardín arreglando sus flores. Él la levantaba del suelo, llevándola en sus brazos hasta la habitación para hacer el amor.

Era la vida perfecta, la vida que ella había elegido.

En el fondo de su mente a veces podía escuchar a su madre diciéndole que podría haber estudiado una carrera, que podría haber sido alguien importante.

“Pero ella no entiende.” Pensaba ella mientras el castaño besaba su cuello. “No hay otra vida que hubiera querido vivir” Ella tomo el rostro del hombre y besos sus labios.

—Daddy—Murmuró ella contra su oreja, logrando que él la tomara con fuerza.

Cuando terminaron, Juan pablo preparo un baño de espuma en el que ambos se metieron,  él estaba lavando el cabello rubio, extremadamente largo de la muchacha mientras ella jugaba con las burbujas.

—¿Eres feliz?—Preguntó el hombre , abrazándola.

—Sí, ¿Y tú?—Respondió ella en el acto.

—Sí—Dijo él con una sonrisa, para besarla y luego continuar lavando el pelo de la chica.

Un calor se expandió por el pecho de la chica.

Sí, había tomado la decisión correcta.

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Dear Daddy. Capítulo final: Versión A.

Notas: Este es uno de los dos finales posibles de esta historia, ustedes pueden elegir el que más les guste. La versión B seria publicada la próxima semana.

 

Dear Daddy.

Capítulo final: Versión A.

—Te amo, princesa, pero no me gusta verte así. Tranquilízate — Pidió Juan Pablo. Acariciando la espalda de su pequeña.

—¡Es que no sé qué hacer!— Respondió Luna, sintiendo como su corazón se partía un poco más al admitirlo. Miró de reojo a Juan Pablo.

—Ya te dije, hablaremos con tu mamá, y si eso no funciona, te llevaré lejos, a donde nadie nos encuentre.— Prometió él sonriéndole con picardía.

Ella terminó la distancia entre ambos, robándole un beso que él le entregó sin dudarlo. Era un beso dulce, suave como una nube. Calmo las almas inquietas de ambos que no sabían en qué tierra estaban.

Pero en medio del beso alguien tocó la ventanilla haciendo que se separaran. Juan Pablo se giró para ver quién era, para encontrarse con un policía. Que los miraba a través de los anteojos de sol.

—Disculpe señor, pero recibí una llamada de la señora Camaro, no sabía dónde estaba su hija— dijo el policía corriendo sus anteojos de sol para ver a Luna quien tapaba su cara avergonzada.

—Luna Camaro está aquí por su voluntad, ya es mayor de edad— Dijo el hombre tomando la mano de la rubia y besándola mirando al policía a los ojos.

—Entiendo señor, pero esta ciudad es pequeña, las reglas no son las mismas— Dijo el policía para abrir la puerta del auto, mostrando que había sacado el arma de la funda para luego seguir hablando —Conozco a la madre de Luna desde que éramos niños, y cuido a cada persona de esta ciudad.

—Señor Freto, me bajaré del auto, solo guarde el arma— Dijo Luna para luego bajarse del auto, pero en el momento en que las manos de ambos amantes se separaron una lágrima se escapó de la mejilla de la joven.

El policía, que ahora Juan Pablo sabía cómo se llamaba, tomó del brazo a la chica de diecinueve años y la subió torpemente a la patrulla.

Juan Pablo Adesto solo pudo ver como la mujer de su vida se iba frente a sus ojos. Pero luego de unos minutos de pensar y pensar. De golpear el volante del auto y de considerar si podía tomar medidas legales. Simplemente manejo hasta la casa de la pequeña familia Camaro.

**

Morena Camaro estaba preparando un pastel, sabía que su amistad con el señor Freto le serviría  en algún momento en su vida y claramente no se había equivocado. Ya que vio con una sonrisa como su hija entraba como una tormenta a la casa seguida del policía quien al ver como la chica subía las escaleras y se encerraba en su habitación, simplemente hizo un gesto con su sombrero y volvió a su patrulla.

Morena Camaro sabía que su hija superaría su obsesión eventualmente, pero también sabía que podría acelerar el proceso con dulzura por eso estaba cocinando. Pero ella paro sus movimientos cuando escucho el sonido de alguien tocando la puerta. Lavo sus manos y corrió hacia la puerta pensando que era el policía. Pero al abrirla se encontró con el rostro lleno de furia de Juan Pablo Adesto.

—¿Que mierda haces aquí?— Preguntó la madre de Luna.

—No vine a ver a Luna, quiero hablar con usted— dijo el hombre muy calmadamente. A pesar de que su rostro decía lo contrario.

Morena Camaro lo miró de arriba a  abajo considerando la situación pero finalmente se movió para dejarlo pasar.

Morena lo guió hasta la sala de la casa y Juan Pablo se sentó en el sillón observando de reojo como ella cerraba las puertas de la sala para que Luna no los escuchara.

Finalmente ella se sentó delante del hombre.

—Dime de que quieres hablar— Pidió la mujer.

—Yo amo a su hija— Empezó el castaño.

—Oh, vamos, no me vengas con esa mierda. Cuando camino por la calle veo como los hombres como tú ven a Luna. Como si fuera un pedazo de carne, eso es lo que usted quiere. Llevarla a la cama, que  ya hizo, aprovechándose de lo romántica e inocente que ella es. Sé que esto para usted pasará, pero ella quedará marcada para siempre.

Juan Pablo ignoro lo que ella dijo cerrando sus ojos por un momento y siguió hablando.

— La amo en cuerpo y alma, al principio era atracción física, pero me enamore de como es, de su inocencia, de su picardía, de sus pucheros. De sus sueños, ella no quiere quedarse aquí, señora Camaro, prisionera de su amor. Ella quiere volar, y yo quiero volar con ella.

— Señor Adesto—Dijo Morena, mirando al hombre con seriedad—Leí el diario de mi hija, se todo lo que hay que saber sobre la relación entre ambos. Se perfectamente que usted en su mente enferma llega al orgasmo pensando que es una niñita indefensa de la cual usted es el padre. Ella busca en usted un padre, pero ya lo tuvo y no fue un buen hombre, está muerto. Y usted también morirá si no se sale de mi camino. Pero ese no es el punto. El punto es que, usted está enfermo ¿No considero eso? ¿Que pasara cuando ella crezca? Buscaras en otras mujeres lo que ella tiene ahora, juventud e inocencia. No la amas, amas su juventud.

Juan Pablo se quedó en silencio. Se levantó del sillón y salió como un rayo de la casa, cuando estuvo en la calle sintió como su estómago se enrollaba y vomito en el cordón de la calle.

***

El doctor Denir había estudiado en una universidad importante norteamericana. Juan Pablo suponía que el doctor sabría decirle si había algo malo en él. Sí que su atracción hacia Luna era puramente por el hecho de que representaba una figura paterna, que por eso ella le llamaba Daddy.

Hasta que tuvo la cita con el doctor, el castaño ignoro todos los mensajes de la chica, busco una mujer distinta que calentara su cama cada noche. Mordiendo su labio, tragando el nombre de Luna cada vez que su piel rozaba la de la otra persona.

Trato todos los fetiches  “normales” que encontró en Internet, ninguno tocaba su calor interno como el que compartía con Luna. Pero no se atrevió a decírselo en voz alta.

Pero todos esos días previos al ver al psicólogo no lo prepararon para la pregunta que este le hizo al final de la sesión.

—¿Tú crees que tu relación con Luna está mal?

Juan Pablo se atragantó con sus propias palabras. Pensó en todo lo que la señora Camaro le dijo, en todas las veces que él se regocijo en la forma en la que Luna  le miraba. En todos los momentos en los que  estaba a solas y ansiaba escuchar la voz de ella diciendo su nombre.

Y luego pensó en cómo explicaría su relación con Luna a sus amigos, a su familia, a sus compañeros de trabajo. Y la vergüenza lleno su alma.

—Sí— Respondió él finalmente.

**

Luna recibió una carta una semana después, una maldita carta, luego de semanas llenas de lágrimas, de su madre abrazándola desconsoladamente. De murmurar el nombre de Juan Pablo entre pesadillas en donde no lo encontraba, despertares donde vivía esa pesadilla en carne y hueso.

Su madre le paso la carta por debajo de la puerta ya que Luna no se había levantado de la cama en todo el día. La joven corrió hasta la misma tomando el sobre y lo abrió desesperada. Adentro había un papel escrito con la letra que ella reconocía era de su amor.

Solo había una oración escrita.

 

Olvídate de mí, porque yo ya te borre de mi mente.

 

Luna cayó al suelo en medio de un grito, su madre abrió la puerta de golpe y la abrazo. Eso fue lo único que ella vio antes de perder el conocimiento.

Una semana después estaba sentada frente a su psicóloga, y esta vez la mujer empezó la sesión con una simple pregunta.

—¿Quieres hablar de tu padre?

—Sí —Fue la respuesta de Luna, y así vino a su mente , como un huracán, todo lo que vivió con su padre. Lloro y lloro, hasta que sus ojos se hincharon. Pero solo cuando saco las emociones de su pecho, y miro a su psicóloga entendido.

Porque Juan pablo la dejo.

Y porque ella tenía que dejarlo.

Ambos se habían enfermado de un amor que estaba relacionado con el pasado de Luna, un pasado oscuro que ella tenía que superar. Sola. Para encontrar un amor relacionado con un futuro feliz.

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Notas: No se asusten si el final no les gusto, la versión B llegara pronto.

Writing about you: Capítulo siete.

Toda acción tiene una consecuencia, a veces las consecuencias son lindas. Como cuando le regalas flores a tu esposa, y ves su bella reacción de felicidad y sorpresa. Eso es simplemente hermoso, un recuerdo que quedara grabado en tu mente, que recordaras cuando estés triste porque el mundo parece demasiado grande  y vos muy pequeño.

Pero hay acciones que traen consecuencias catastróficas, y esas eran el tipo de acciones que  inconscientemente Franco  solía crear. Cuando era niño se le ocurrió incendiar unas ramas en el patio trasero de la casa de abuelo, y cuando este se dio cuenta apago el fuego, lo llevo a rastras hasta la casa y le dio 12 nalgadas que lo dejaron llorando a gritos.

Pero esas nalgadas no cambiaron su actitud, aun en su adultez seguía cometiendo los mismos errores. No, no había incendiado ningún jardín, pero el lunes cuando Valeria le llamo despertándolo, no era para pedirle una cita, si no para insultarlo.

—¡¿Por qué le dijiste a todos que me acosté contigo?!¡Sabes que eso es una puta mentira! ¡Puedo perder mi trabajo idiota! ¡¿En serio eres tan egoísta y mentiroso?! ¡Por eso no quiero salir contigo! Imbécil—Lo último lo dijo en un murmuro, pero él pudo escucharlo antes de que ella terminara la llamada.

Franco tapo su cara con sus manos, cuando se había puesto a regodearse de algo que no sucedió con sus amigos en el bar, se había olvidado de un pequeño detalle. Valeria trabajaba para su tío.

El nombre completo del muchacho es Franco Freux, su abuelo había creado un periódico que con el pasar de los años se había vuelto uno de los diarios más importantes a nivel nacional. Su tío lo había heredado luego de que el padre de Franco muriera en un accidente de auto, y en un futuro él lo heredaría, pero eso no saldría bien ya que Franco no tenía ni el más mínimo interés en el periodismo, el único diario que leía era Clarín, y eso era por las historietas de Gaturro.

Él amaba a ese gato amarillo.

**

Valeria Pérez estaba orgullosa del trabajo que había conseguido, había salido de la universidad sin ninguna idea de a dónde ir o a quien recurrir. Luego de semanas buscando trabajo en pequeños periódicos y revistas online, escucho de su madre que habían abierto una vacante como secretaria en el periódico Freux.

¿Secretaria? Valeria apenas sabía cómo preparar un café en ese entonces. Pero necesitaba ganar su propio dinero, para dejar de vivir de sus padres, y para tener su propia habitación. Su hermano no paraba de dejar sus calzoncillos sucios en una esquina de la habitación. (1)

Pero cuando fue a la entrevista y le mostro sus escritos, solo por curiosidad de saber qué pensaría, todo lo inesperado sucedió. El hombre pidió que volviera con todos sus escritos,  y en una semana después tenía su propia columna en el periódico y un stress que le hizo salir canas en los lugares más extraños.

Pero actualmente todo estaba desvaneciéndose frente a ella.

Todo parecía indicar que era un día normal, se levantó, se vistió, peino, y maquillo lo más vagamente que pudo. Entro al periódico, y se sentó en su pequeño cubículo, pero cuando lo hizo escucho a sus compañeras hablando a sus espaldas.

—¿Escuchaste que Valeria se acostó con el sobrino del señor Freux?

—¡Sí! ¿Puedes creerlo? Eso explica como esa perra  consiguió su propia columna en el periódico.

—¡Eso no es cierto! ¡Soy virgen!—Gritó Valeria, levantándose del cubículo.

Todos se giraron a verla con una sonrisa y luego empezaron a reírse a carcajadas, y Valeria salió corriendo hacia el baño de la oficina. Cuando se encerró en un cubículo del baño, empezó a llorar desconsoladamente hasta que miro la puerta del cubículo y ahí encontró su respuesta.

Toda la culpa era de Franco, marco su número y lo insulto hasta Canadá. Pero cuando termino la llamada noto un par de piernas enfrente de su cubículo, iba a preguntar quién era pero entonces escucho:

—Valeria, soy el señor Freux, quiero hablar contigo.

“Mierda , mierda” Pensó la chica entre lágrimas.

Temerosamente la chica se levantó del asiento del inodoro y abrió la puerta del baño, encontrándose con el director Freux que tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Y la miraba con severidad.

—Creo que ya escuchaste los rumores que hay en el periódico.

—Puedo explicarlo—Dijo ella pero él la detuvo.

—Franco me llamo y me dijo todo, sé que es una mentira.

Valeria al fin pudo respirar. No iba a perder su trabajo.

—Pero quiero dejarte claro que no puedes tener ningún tipo de relación con mi sobrino, por el bien de ambos. Sé que él es difícil de alejar, cuando ve algo que le llama la atención se obsesiona, pero sigue evitándolo lo más que puedas. Porque si le das lugar, este será el principio de muchos rumores. No te preocupes, yo parare todo este circo lo más que pueda. Tú lávate la cara y sal con la cabeza en alto, ¿Si?

Valeria asintió, y recibió una palmaba en el hombro de su jefe quien luego salió del baño.

Sola, la chica volvió a encerrarse en el baño, y saco su celular. Abrió un bloc de notas y empezó a escribir.

Peter Oro  le envió un mensaje a Valeria, preguntándole como estaba.

A penas guardo el bloc de notas, un ping! Sonó de su celular, indicando que tenía un nuevo mensaje.

Peter Oro:

¿Cómo estas, cariño?

Valeria le envió un mensaje explicándolo todo lo que había sucedido. Inmediatamente recibió la respuesta que esperaba.

Peter Oro:

Espérame ahí en el baño, te pasare a buscar.

La castaña bloqueo su celular y  rodeo sus piernas con sus brazos, escondiendo su rostro. Los minutos pasaron, con ella sollozando de vez en cuando o maldiciendo a Franco.

Hasta que escucho la puerta del baño abrirse y unos pasos dubitativos acercarse al cubículo donde ella estaba. Y la persona toco un par de veces la puerta para luego decir:—Vale, soy yo , Peter.

La chica se levantó y salió del cubículo. En cuanto el rubio la vio la abrazo y beso su cabello, y murmuro palabras dulces para tranquilizarla. Y partir de entonces la chica se sintió más tranquila, pudo respirar más suavemente, quizás era la colonia del hombre, o la forma en como la sostenía, pero se sentía segura.

—Te llevare a casa, ¿Si?—Dijo él cuándo se separaron, la chica asintió pero enredo su mano con la de él.

Juntos caminaron hacia la salida de la oficina con las cabezas en alto, y  se subieron al auto del chico. En cuanto se sentó en el asiento  del auto, la chica cerró sus ojos y se durmió.

Peter la miro con ternura y se sacó su campera para posarla encima del cuerpo de la chica, para que no se enfriara, y encendió el motor del auto para manejar hasta el departamento de la chica.

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Mi Twitter es : @Florsaezescribe  .

Notas:

  • (1) Imagino que la habitación está dividida por una pared , pero siguen conectadas, ¿Se entiende?

Dear daddy :Capítulo cuatro.

Notas de la autora:

Esta novela contiene contenido ADULTO, una relación donde la diferencia de edad es de más de 16 años. Donde los personajes son oscuros y están buscando el momento para aprovecharse del otro. Si esto de alguna manera te incomoda o molesta, te ruego que no leas esta novela.

Luna Camaro tiene 19 años, Juan Pablo Adesto tiene 35.

 Mi Twitter : @florsaezescribe

 

 

Dear daddy.

Capítulo cuatro.

Where is my daddy?

La policía llego más rápido de lo que Juan Pablo había esperado. Lo separaron del otro muchacho y lo sacaron del club bajo amenazas, lo sentaron en un asiento de la patrulla y tomaron registro de su versión de los hechos. Pero en todo momento él tenía sus ojos clavados en su pequeña, Luna estaba al lado de su madre que había venido en su camioneta a buscarla, ambas estaban siendo entrevistadas por un policía pero solo la madre de Luna hablaba, Luna también miraba a Juan pablo.

Incapaz de contenerse, Juan Pablo se levanto y camino hacia la madre e hija, pero cuando estuvo cerca Luna corrió a sus brazos, atrapándolo en un abrazo de oso, ella beso su mejilla y murmuro contra su oído :— Mi Daddy, él siempre cuida de mí.

El pecho del hombre se llenó de orgullo, y toda la culpa que sentía respecto a lo que había sucedido se esfumo.  Todo quedo reemplazado por la sensación de posesión que sentía sobre Luna, él había protegido lo que era suyo por derecho, no había cometido ningún error.

Pero entonces Morena Camaro tiro de su hija separándolos, y se plantó enfrente de ella, mirando a Juan Pablo directo a los ojos.

—No sé de qué cloaca saliste vos, pero te diré una sola cosa, te volves a cruzar con mi hija y te mato ¿Entendiste?

—Señora, creo que usted no se dio cuenta que su hija es mayor de edad, acabo de hablar con la policía, y nuestra relación es legal.

—¿Y eso a mí que me importa? Yo se la clase de alacrán que sos, quieres aprovecharte lo más que puedas de ella, una muchachita sensible y frágil, y luego cuando no te sirva la vas a tirar del puente más cercano. Por eso tengo que protegerla de vos, si sabes lo que te conviene te iras de esta escena antes de llames más la atención de la policía, porque creo que ya hiciste suficiente espectáculo.

Entonces Juan Pablo sintió la mirada de los policías, quienes tenían una de sus manos posadas sobre los sus esposas listos para atacar. Se dio cuenta de que Morena tenía razón, la policía estaba buscando una excusa para detenerlo. Y él no iba  a dárselas.

El hombre miro a la pequeña rubia a los ojos y murmuro: —Te amo— Para el horror de la madre, y se dio media vuelta para caminar hacia su auto, no sin antes mirar con odio al muchacho que estaba sentado en la ambulancia y que horas antes había acosado a su pequeña.

Encendió el motor, y arranco. Mientras manejaba por la ciudad reviso su plan, la señora Camaro lo había dejado sin otra opción. Porque ya sabía el siguiente movimiento de la madre, aislaría a su hija de él. Y Juan Pablo no podía vivir sin su pequeña.  Pero no se la llevaría lejos de su madre, sabía que Luna no podría ser feliz así, trataría de buscar una solución que hiciera a todos felices.

**

Al ver que la bestia se había ido, Morena Camaro llevo del brazo a su hija hasta la camioneta, la subió en el asiento trasero, y ella de un salto se subió al asiento de conductor. Mientras manejaba miraba a su hija por el espejo retrovisor, y le hablaba con una voz dura y decidida.

—No sé de donde salió esa bestia, pero no vas a volver a verlo, ¿Me escuchaste?

Luna no respondía.

—Me importa una mierda que pongas cara de borreguito, ese hombre no es para vos. Porque es un hombre, vos tienes que salir con chicos de tu edad. Ese hombre te quiere para sentirse él más joven, nada más, sos una Barbie para que él muestre a sus amigos, nada más. No le importas, te das cuenta de eso ¿No?

Luna no respondió.

—Lo peor de todo es que me vine a enterar por tu diario…

—¡¿Qué?!—Chilló Luna, mirando a su madre con lágrimas en sus ojos. Entonces Morena paso a explicarle todo.

Un par de horas antes…

Morena Camaro caminaba histérica por los pasillos de su casa, había recibido el llamado de la policía unos minutos antes, pero ella todavía no superaba que la habían levantado  a las cinco de la mañana, cuando  ella tenía que trabajar temprano.

Paso enfrente de la habitación de su hija, y pensó en llevarle una campera, así que entro y tomo la primera campera que encontró colgada en su armario, pero entonces vio un cuaderno tirado al pie de la cama de la jovencita, aun más enojada por el desastre andante que era  su hija levanto el cuaderno. Pero cuando lo hizo una foto se escapó del mismo.

En la foto estaba su hija, en ropa interior, abrazada a un hombre mayor, 34 años quizá. Él besaba la mejilla de su hija pero sus ojos estaban clavados en la cámara. En shock, la mujer se sentó en la cama y leyó las últimas páginas del cuaderno.

       Él me hace tan feliz, me entiende como nadie, me cuida como si fuera su tesoro más preciado. Me mira como si fuera la mujer más hermosa de esta tierra, y yo soy su mujer. Sé que este no es un amor pasajero, si lo fuera él me habría dejado luego de la primera vez que hicimos el amor. Pero no fue así, porque hicimos el amor, no fue sexo.

No quiero imaginar una vida sin él, y sé que él no pude vivir sin mí, ¿No es eso hermoso?

Y lo mejor de todo es que es mi Daddy, el cuida de mí, soy su pequeña…

Morena Camaro dejo de leer, dejando caer el cuaderno como si estuviera hecho de veneno, y salió corriendo de la habitación con la foto polaroid  estrujada en su mano y la tiro por la ventana de su camioneta mientras manejaba hacia el club.

Tiempo actual…

Luna tapaba su cara llorosa con sus manos, su madre la miraba a través del espejo retrovisor esperando una respuesta de su hija.

—Mamá, ¿Cómo pudiste?

—Porque quise y porque soy tu madre.

—Eso no te da derecho a invadir mi privacidad.

Furiosa Morena Camaro estaciono la camioneta frente a su casa, y se giró en el asiento para mirar a su hija directo a los ojos.

—Esto no se trata de tu privacidad, se trata de que te enamoraste  de un hombre de casi 40 años. Al cual no volverás  ver, ¿Me escuchaste?

Luna no respondió.

—¡¿Me escuchaste?!—Gritó Morena, Luna salto en su asiento y miro a su madre a los ojos llorando.

—S-sí—Murmuró la pequeña al final.

Cuando entraron a la casa, la mujer registro su  computadora y su celular. Dejándola llorando en su habitación, para preparar la cena, fingiendo que nada malo sucedió.  Cuando  diez minutos pasaron y la rubia dejo de llorar, cerró la puerta de su  habitación. Se agacho frente a su cama, y saco una caja debajo de la misma. Solía contener un vestido coctel que  Juan Pablo le había regalado, pero ahora estaba llena  con todos los regalos que él le había dado. Uno de esos regalos era un celular. Cuando lo prendió el único contacto en ese celular era el número de Juan Pablo bajo el nombre Daddy.

Ella sonrió y le envió un mensaje.

Luna:

Daddy, mi mama me saco el celular 😥

Juan Pablo:

Está bien, cariño, buscare una solución para todo.

Luna:

No sé si esto tiene solución.

Juan Pablo:

La última solución que encuentro es que nos vayamos de la ciudad, podría pedir que me reubiquen en la empresa.

Luna:

No quiero dejar a mi madre  o a Rosalía.

Juan Pablo:

Por eso es la última solución, primero intentare hablar con tu madre.

Luna:

Pero debes darle tiempo.

Juan Pablo:

Lo sé , cariño, tú descansa, mañana será otro día.

**

El problema es que  el tiempo pasó demasiado rápido, y antes de que ambos se dieran cuenta, una semana paso sin que se vieran.  No paso rápido porque no se extrañaran, si no porque se prometían cada día que al día siguiente se verían, pero cuando Luna estaba por salir o escaparse por la ventana su madre  estaba ahí preparada para meterla de nuevo a la casa.

Y todo llegó al punto de que Luna estaba sentada frente a una psicóloga, quien no paraba de tratar de sonar amable y comprensiva, Luna trato de abrirse de explicarle que su relación con su novio era lo mejor que le había pasado. Pero en la conclusión de la sesión le decía que la relación entre Juan Pablo y ella estaba mal, era una relación toxica.

Al final de la sesión  ella salió llorando y se encerró en el baño del consultorio. Saco el celular que Juan pablo le entrego y mando un mensaje.

Luna:

No puedo más con esto, todos piensan que nuestra relación está mal y no sé qué hacer.

Juan Pablo:

¿Dónde estás? Iré a buscarte.

Luna le envió la dirección y se miró al espejo mordiendo su labio inferior. Solo esperaba que Juan Pablo llegara antes que su madre.

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